Lo contrario sería un cuerpo afiebrado, esquelético o rendido a la inanición y a la muerte; en este caso, repelería los alimentos.
Pero volvamos a las palabras de Jesús: «Si alguno tiene sed, venga a mí y beba». Éste, a todas luces, es un llamamiento condicionado: «Si alguno tiene sed». El texto deja claro que, entre la multitud, habrían los que, de hecho, tendrían sed de Dios y los que no. La Biblia registra el hecho del porqué Jesús se dejó clavar en la Cruz. Afirma que Él pagó con su vida la cuenta de nuestro pecado, y ahora, todo el que cree en Él, el que confía en Sus méritos, tiene el perdón de sus pecados y la Vida Eterna.
Quiero «entender» a los que no aceptan la idea de Dios, porque caminan a oscuras, pero ¿cómo comprender a los que se pasan la vida discutiendo y mirando las faltas de los cristianos, sin fijar su atención sobre el que los amó y dio Su vida por ellos? A este respecto, viene bien la alocución poética de Antonio Machado:
¡Ojos que a la luz se abrieron
Un día para, después,
Ciegos tornar a la tierra,
Hartos de mirar, sin ver!
José Valero Rodero
