Evidentemente, esta historia sólo trata de hacernos sonreir. Pero también nos lleva a pensar en lo que consideramos valioso y … lo que verdaderamente vale para Dios.

 

Todos sabemos que un día vamos a tener que dejar este mundo: vamos a morir. Los cristianos, los que hemos depositado nuestra fe en Dios y hemos creído en su Hijo Jesucristo, tenemos la esperanza del cielo. Jesús dijo: “… porque yo vivo, vosotros también viviréis” (San Juan 14:19). ¿Cómo será en realidad ese lugar que la Biblia llama el cielo? Hasta las descripciones inspiradas de la morada celestial que tenemos en el último libro de la Biblia son inadecuadas para comunicar lo que nos espera. No obstante, en los que somos cristianos intensifica nuestro deseo de dejar esta oscura existencia terrenal y entrar en aquella realidad celestial.

 

Una de las cosas que más impresionan de Apocalipsis 21, el último libro de la Biblia, es la descripción de la calle del cielo: es “de oro puro, como cristal transparente” (v. 21). Valoramos el oro como el más precioso de los metales, y lo usamos para fabricar nuestras más queridas posesiones. En el cielo vamos a caminar sobre él. ¡Asombroso!

 

La realidad de todo esto, nos lleva a la reflexión de que las cosas que valoramos aquí en la tierra no se valorarán tanto en el cielo: las cosas innecesarias que compramos y coleccionamos, las carteras de valores y las cuentas bancarias, la admiración y la fama …  Cuando llegue el momento de decir adiós a este mundo, ¿qué valor van a tener todas esas cosas?

 

Querid@ amig@, recuerda que las posesiones terrenales son temporales. Tienes que saber que nuestra verdadera riqueza está en el cielo. En una ocasión Jesús dijo: “No acumuléis riquezas aquí en la tierra, donde la polilla destruye y las cosas se echan a perder, y donde los ladrones entran a robar. Acumulad más bien riquezas en el cielo, donde la polilla no destruye, ni las cosas se echan a perder, ni los ladrones entran a robar” (San Mateo 6:19-29). “Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?” (San Mateo 16:26). Las personas más ricas de la tierra son las que acumulan tesoros en el cielo. ¡Que Dios te bendiga!

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