«Si ayudo a una sola persona a tener esperanza, no habré vivido en vano»
Martin Luther King
La Real Academia de la Lengua Española define la esperanza como un estado del ánimo en el cual se nos presenta como posible lo que deseamos.
Tener esperanza permite al ser humano establecerse objetivos o metas en los diferentes ámbitos de su vida, al mismo tiempo que le confiere la capacidad de hacer frente a la enfermedad y otras dificultades de una manera diferente.
Algunos consideran que la esperanza es un puente emocional que nos permite pasar de la tristeza a la alegría. Un puente que te sitúa en un plano intermedio, lo estás pasando mal y confías en superarlo.
Posiblemente este fuera el sentido de las palabras de Martin Luther King, que luchó por un cambio para los afroamericanos que cada día se enfrentaban a la discriminación racial, con la confianza de que esto podía cambiar.
Hoy, domingo de resurrección, esta palabra, esperanza, toma un sentido completo. En palabras del apóstol Pedro:
“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien según su gran misericordia, nos ha hecho nacer de nuevo a una esperanza viva, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, para obtener una herencia incorruptible, inmaculada, y que no se marchitará, reservada en los cielos para vosotros, que sois protegidos por el poder de Dios mediante la fe, para la salvación que está preparada para ser revelada en el último tiempo.” 1 Pedro 1:3-5
Pedro matiza el significado de esperanza indicando que es intensa, fuerte, duradera y que subsiste en toda su fuerza y vigor. Es una esperanza que no se fundamenta en una posibilidad, sino en una certeza: Jesucristo ha resucitado de entre los muertos.
Nuestra esperanza se apoya en la sangre de Cristo. Sangre que fue derramada por ti y por mí; sangre que cubre nuestro pecado. Porque este es el verdadero significado de la cruz, Jesús cargando con nuestro pecado y pagando el precio de nuestra deuda con Dios.
Cristo ofreciendo una salida a nuestra condición de pecadores, Cristo ofreciendo una esperanza a la humanidad.
Cristo completó su obra, no quedó en la cruz. Cristo venció a la muerte, resucitó y nos declaró justos por medio de la fe. Esto nos ofrece una magnífica esperanza, una herencia que nadie puede arrebatarnos y que está reservada en el cielo para nosotros: nuestra salvación.
“Una esperanza… una herencia… una salvación” palabras profundas de las que podemos apropiarnos y que pueden dar un giro a nuestra vida. Depositar nuestra confianza en Jesús, creer que Jesucristo es el Hijo de Dios y que entregó su vida por nosotros nos confiere el perdón de nuestros pecados y la esperanza de la vida eterna.
La muerte de Cristo, su sangre derramada en la cruz es la razón de nuestra esperanza. La resurrección de Cristo es nuestro aval, la garantía de que nuestra esperanza es real.
La invitación a disfrutar de esta esperanza sigue estando ahí. ¡Valórala!
“Venid a mí todos vosotros que estáis cansados y agobiados, y yo os daré descanso.” Mateo 11:28
Marta López Peralta
