El evangelio que encontramos en la Biblia ofrece una alternativa diferente: tanto das, tanto vales. Por supuesto, no se refiere a “cosas” que puedas dar. De lo que se trata es de dar mi propia vida, reconocer que no es mía, sino de Dios quien fue quien me creó y, por si fuera poco, quien pagó el precio de mi libertad entregando a su Hijo por mí en la cruz. Así que, es Dios quien tiene sobre mí el derecho de creación y el derecho de redención o compra. De esta manera, dar mi propia vida al Señor es poner las cosas en su sitio.

También se podría medir mi valor teniendo en cuenta lo que Dios estuvo dispuesto a pagar para salvarme. Dice la Biblia: “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su único Hijo, para que todo aquel que en él cree, no se pierda mas tenga vida eterna” (San Juan 3:16). Así que mi esperanza en esta vida no radica en alcanzar mucho valor por medio de obtener muchas riquezas o poder. Mi esperanza debe ser cumplir con el propósito para el que fui creado, honrar a quien le dio verdadero valor a mi vida al pagar tan alto precio por mí y terminar mi carrera con la seguridad de haberla corrido debidamente.

Querido amig@, si te importa lo que vas a dejar de herencia a los tuyos, piensa en dejarles algo más que unos ladrillos o una cuenta corriente. La mejor herencia es un ejemplo de vida que vale la pena. Y por otro lado, si te importa lo que vas a llevarte al morir, recuerda que tu único equipaje que viajará contigo será tu alma desnuda, y tu único pasaporte al cielo será tu actitud y tu decisión respecto a lo que Cristo hizo por ti en la cruz.

Jesús dijo: “¿De qué sirve ganar el mundo entero si se pierde la vida? ¿O qué se puede dar a cambio de la vida?” (San Mateo 16:26).

 

 

Benjamín Santana Hernandez

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