Podemos afirmar, sin lugar a dudas, que Jesús ha sido y sigue siendo uno de los personajes más populares de la historia de la humanidad. Pero del mismo modo también podemos decir, que su persona ha sido y sigue siendo, objeto de grandes controversias entre los que se declaran sus seguidores y sus detractores.

¿Fue Jesús quien dijo ser tal y como lo recogen los evangelios? Este debate fue un tema de gran interés  en los propios tiempos de Jesús. En un breve recorrido por el evangelio de San Juan encontramos diferentes grupos de personas con distintas opiniones.

  1. Los que rechazaron a Jesús como Mesías e Hijo de Dios y procuraron su muerte. Estos están representados por los principales sacerdotes y el grupo religioso de los fariseos, la élite religiosa del judaísmo.

Lo rodearon los judíos y le dijeron:—¿Hasta cuándo nos tendrás en suspenso? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente. Jesús les respondió: —Os lo he dicho, y no creéis. Las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ellas dan testimonio de mí. (Juan 10:24-25).

Jesús había realizado una gran cantidad de milagros que abalaban su identidad. Poco después de estas palabras Jesús realizó su milagro más portentoso, la resurrección de Lázaro después de llevar cuatro días sepultado.  No lo hizo en secreto, sino ante una gran multitud de testigos, tan grande que no quedó persona en Jerusalén que no tuviera conocimiento de ello. Pero ¿cómo reaccionaron?, ¿creyeron en Jesús? No. Viendo amenazado su estatus religioso decidieron acabar con él.

Entonces Caifás, uno de ellos, sumo sacerdote aquel año, les dijo:—Vosotros no sabéis nada,  ni os dais cuenta de que nos conviene que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la nación perezca…Así que desde aquel día acordaron matarlo. (Juan 11:49-53).

  1. Los que en un principio le aceptaron, pero luego se volvieron contra él. A este grupo pertenecieron las grandes multitudes que le aclamaron a su entrada triunfal en Jerusalén.

 El siguiente día, grandes multitudes que habían ido a la fiesta, al oír que Jesús llegaba a Jerusalén,  tomaron ramas de palmera y salieron a recibirlo, y clamaban:—¡Hosana! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel! (Juan 12:12-13).

Literalmente le aclamaron con Rey. Vieron en Jesús al Mesías que había sido anunciado por los profetas desde siglos atrás. Esperaban de él un líder político militar que les liberaría del poder romano y dirigiría  una nación de Israel restaurada. Pasaron por alto que Jesús venía hacia ellos sentado sobre un asnillo y no en un imponente caballo. Ignoraron muchos de los pasajes que describían al Mesías en las Escrituras. Jesús no venía como un rey terrenal, sino como ya fue predicho por el ángel a la Virgen María: y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados (Mateo 1:21). Pocos días después, viéndose decepcionados, muchos de los que integraron aquella multitud formaban parte de aquella otra que gritaba a voces que fuera crucificado.

  1. Los que le aceptaron y le siguieron hasta el fin. Estos son los que conformaban el círculo de sus discípulos. Durante la vida de Jesús no llegaron a alcanzar a entender completamente sus enseñanzas y la dimensión de su misión, pero manteniéndose fieles lo pudieron comprender un poco después.

 Estas cosas no las entendieron sus discípulos al principio, pero cuando Jesús fue glorificado, entonces se acordaron de que estas cosas estaban escritas acerca de él, y de que se las habían hecho. (Juan 12:16).

¿Quién es Jesús para ti?  Existen diversas opciones.

  1. Rechazas la divinidad de Jesús. Quizás porque no crees en la existencia de Dios, o al menos en el Dios que revela la Biblia. Existen multitud de evidencias para creer en la existencia de Dios y el testimonio de Jesús como nos lo presentan los evangelios. Indágalas con sinceridad para descubrir la verdad. No seas como los líderes religiosos en los tiempos de Jesús que intentaron ocultar las evidencias porque simplemente no les convenía.
  2. Sigues a Jesús pero no te has comprometido con Él. Te atrae la persona de Jesús, asistes a actos religiosos, tal vez con cierta frecuencia, pero le sigues de una manera superficial, sin haber estudiado en profundidad su persona. Esto tiene el peligro de llevarte a hacerte una idea que no es real de él, y a que como le pasó a la multitud, te sientas pronto decepcionado porque no cubre tus expectativas.
  3. Sigues a Jesús y le reconoces como Señor y Salvador de tu vida. Has depositado tu fe en Él reconociendo tu pecado, confiando en que su muerte en la cruz te limpia de ellos.

¿Quién es Jesús para ti? ¿Alguien que te molesta? ¿Alguien por quien sientes profunda admiración? ¿O tu Salvador?

Miguel Ángel Simarro Ruiz

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