1. ¿Qué dice la historia? Primeramente, aparte de lo que nos dice la Biblia, Jesucristo es un hecho histórico. Por lo menos diecinueve autores del primer y segundo siglo, se refieren a Jesús como una figura histórica. Las Sagradas Escrituras dejan esto muy claro, y el apóstol Pablo dice: “Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley” (Gálatas 4:4).

    Escribiendo unos años después de la vida terrenal de Jesús, el apóstol Pedro indicaba: “Porque no hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad” (2a Pedro 1:16).

    Por otro lado, Papá Noel como se le conoce en España, es poco menos que una leyenda. Aunque probablemente hubo un S. Nicolás original, él estaba lejos del hombre mítico con su trineo, reno y los juguetes con los que lo presentan. No se lo diremos a los niños, pero Santa Claus, o Papá Noel es una invención .principalmente norteamericana del siglo XIX.

  2. ¿Dónde está el gozo? En segundo lugar, Jesucristo vino a traer un gozo duradero. Los pastores oyeron y recordaron el mensaje angelical: “No temáis porque he aquí os doy nuevas (noticias) de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor” (Lucas 2:10-11).

    Papá Noel puede traer en Navidad cierta medida de felicidad, pero es solo transitoria. Cualquiera de las cosas que deje debajo del arbolito de Navidad, por muy agradable que nos parezca, pronto se olvida. Y lo mismo podíamos decir de lo que traigan los “reyes o magos”. Nuestra falta de gozo y contentamiento habitual una vez que las festividades terminan, saltan a la superficie con rapidez.

    Todos buscamos la verdadera felicidad, pero tal vez estemos buscando en los sitios más equivocados. Sólo Jesucristo puede traer real y duradero gozo a nuestro corazón.

  3. En tercer lugar, Jesucristo vino a salvar. Esa fue la finalidad principal de su venida a este mundo. “Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores…” declara la Biblia en 1a Timoteo 1:15. Jesús sabía en qué confusión y desorden estaba la tierra cuando Él nació, pero aún así, condescendió a venir del Cielo en la misión de rescate más grande de todos los tiempos. Jesús vino a salvarnos del problema arraigado en todas nuestras vidas: El pecado.

    Santa Claus o los magos, parece que vienen a recompensar a aquellos que han sido buenos. El problema es que lo creamos o no, ninguno somos buenos. Sobre esto la Palabra de Dios nos dice: “Ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga el bien y nunca peque” (Eclesiastés 7:20). Es cierto que cuando miramos a nuestro alrededor podemos pensar que “no somos demasiado malos” o que somos “mejor que muchos”. Pero la valoración de Dios es más exacta que la nuestra. Tenemos que enfrentarnos a ella y, en consecuencia responder en consecuencia.

    Las buenas noticias son las que el mismo Señor Jesús dijo en el evangelio de Mateo 9:13 “Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento”. El unigénito Hijo de Dios, no tenía pecados, pero se ofreció con gusto a sufrir el castigo que nosotros merecíamos. Durante las largas horas en las que Jesucristo sufrió y murió Él tomó el lugar de pecadores como nosotros mismos; y su resurrección tres días más tarde probó a todo el mundo que su obra de Redención había sido llevada a cabo. Este gran acto de expiación y reparación nunca tiene que ser repetido. Lo contrario que Santa Claus que tiene que volver año tras año, lo que implica que su trabajo, realmente nunca es completado.

  4. Finalmente, Jesucristo ofrece el regalo más valioso que el mundo haya conocido; “Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:23). Estas palabras son maravillosas porque dejan claro que no merecemos otra cosa sino la condenación. Pero dejan también muy claro que Dios Padre gustosamente está dispuesto, no solo a borrar nuestros pecados, sino al mismo tiempo darnos vida eterna por medio de Jesucristo.

Sin duda pensaremos que bien Santa Claus o los “Reyes” son un entretenimiento divertido, pero tengamos cuidado que no nos oscurezca sus visitas lo que realmente necesitamos no solo en Navidad, sino siempre, que es Jesucristo, el Salvador. Arrepintámonos de nuestros pecados y confiemos en Él hoy, porque Jesús está siempre listo a recibir a todo aquel que crea en Él y le acepte como su Salvador y Señor.

 

Marcos Román Chaparro

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