NAVIDAD: La historia de un viaje

En estos días navideños son muchos los que salen de viaje. Aprovechan estas fechas para visitar a la familia, a los amigos o simplemente viajan por puro placer. Para muchos estos viajes suponen un gran esfuerzo y sacrificio. La Navidad es la historia de un viaje. Si observamos los relatos que encontramos en los evangelios y que giran alrededor de aquel maravilloso acontecimiento, descubriremos una serie de viajes que rodearon aquella primera Navidad.

Primero nos encontramos con el viaje de FE de María. Según el relato bíblico (Lucas 1:26-45), cuando María supo que estaba embarazada por obra del Espíritu Santo, viajó para visitar a una familiar llamada Elisabet. María había quedado perpleja cuando recibió la noticia del ángel de que estaba embarazada. Tuvo temor, estaba confundida. Es por eso que viajó para encontrarse con Elisabet, una mujer de avanzada edad en la que podría confiar. Es por eso que la joven María decidió quedarse con ella tres meses (Lucas 1:56). No cabe duda que el viaje de María fue un viaje de fe. Es posible que todo aquello le parecía difícil de entender, pero ella creyó verdaderamente que para Dios no hay nada imposible (Lucas 1:37). Aunque su viaje de ida lo hizo perpleja, su regreso lo hizo con regocijo. Fue quizás buscando consuelo, pero recibió más confianza. A veces nos puede resultar difícil entender las cosas que Dios permite que sucedan en nuestra vida, pero esto no debe ser motivo para desconfiar de él.

En segundo lugar el viaje del SUFRIMIENTO de José y María (Lucas 2:1-7). El profeta había dicho que el Mesías nacería en Belén de Judá, pero José y María no vivían allí. Es por eso que tuvieron que viajar de Nazaret hasta Belén, unos 140 km. Este viaje tuvo que ser difícil, especialmente para María, ya que estaba embarazada y las condiciones de aquellos días no eran las mejores. Luego los vemos viajar a Egipto (Mateo 2:13sg). Lo cierto es que casi todo lo relacionado con Jesús fue difícil para su madre María (Lucas 2:34-35). Todo lo que rodeó su nacimiento, todo lo que aconteció en su vida, e incluso sus palabras en la cruz fueron de mucho dolor para esta joven. Esto nos recuerda que siempre hay un precio que pagar por “dar a luz” a Jesús. Él dijo: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo y tome su cruz cada día y sígame” (Lucas 9:23). El permitir que Cristo nazca en nuestra corazón, que él sea el Señor y Salvador de nuestra vida, lleva al sufrimiento. Es por eso que muchos no quieren saber nada de él.

En tercer lugar encontramos el viaje de la ADORACIÓN de los magos (Mateo 2:1-21). Todos los viajes que se hicieron en aquella primera Navidad involucraron algo de riesgo. Lo mismo sucedió con los magos que vinieron del oriente. Desconocemos casi todo de ellos, aunque la tradición ha querido darles una identidad diciendo que eran tres, revelando sus nombres, que pertenecían a la realeza, e incluso hasta el color de su piel. Pero nada de esto es realmente importante. Lo que sí sabemos por el relato bíblico es que los magos mostraron un gran valor al venir desde tan lejos, y un gran deseo de adorar al que había nacido en Belén. El viaje fue largo y probablemente lleno de dificultades, pero eso no les impidió viajar hasta donde estaba el niño para postrarse ante él y adorarle como el Rey, y ofrecerle una serie de regalos. Estos magos del oriente fueron mucho más sabios que muchas personas en el día de hoy. Al igual que en el tiempo en que nació Jesús, en que la mayor parte de su propio pueblo no quiso adorarle (Juan 1:11), de igual manera sucede en el día de hoy, ya que la mayoría de la gente no presta atención a las señales, a lo que la Biblia tiene que decirnos acerca de aquel niño que nació en Belén. Ni siquiera en estas fechas el ser humano quiere hacer algún esfuerzo para encontrar a Jesús. ¿Eres tú uno de ellos?

Y en cuarto y último lugar tenemos el viaje del AMOR supremo de Cristo. “Y aquel verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad” (Juan 1:14). Este es el viaje más importante y extraordinario que jamás se haya hecho en todo el universo. El viaje de Cristo a este mundo. Aunque fue, sin ninguna duda, el viaje más doloroso para quien lo hizo, Cristo Jesús, como bien lo expresa el apóstol Pablo: “Ya conocéis cuál fue la generosidad de nuestro Señor Jesucristo: siendo rico como era, se hizo pobre por vosotros para enriqueceros con su pobreza” (2ª Corintios 8:9). Cristo dejó la gloria en los cielos para recibir la deshonra en la tierra. Dejó de recibir adoración celestial para recibir la humillación de la humanidad (Filipenses 2:5-11).

Pero él hizo este viaje y sufrió todos estos cambios con un propósito: Jesús vino para “hacer la voluntad del Padre” (Lucas 2:49; Juan 4:34; 5:30; 6:38); él vino a este mundo en aquella primera Navidad para “dar su vida en rescate por muchos” (Marcos 10:45); vino para dar a la humanidad vida eterna (Juan 10:10); Jesús “sufrió la cruz menospreciando el oprobio” (Hebreos 12:2) a fin de cumplir con los propósitos eternos. Por tanto, era normal que María quedara perpleja, ya que lo que se le dijo era de tal magnitud que hasta el día de hoy sigue dejando asombrados y desconcertados a los más grandes pensadores de la humanidad.

En estos días navideños recordamos el misterio más grande al cual el ser humano se haya tenido que enfrentar: Dios se hizo hombre. La Navidad es la historia de un viaje. Cristo Jesús, el Hijo de Dios, viajó a este mundo con el propósito de salvar a todo aquel que cree en Él. En esta Navidad la invitación de Dios sigue extendida para todo aquel que quiera aceptarla. “Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna” (Juan 3:16).

Benjamín Santana

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