El día 22 de noviembre de 1975,  D. Juan Carlos I es proclamado rey de España. Casi 40 años de dictadura habían pasado desde aquel mes de marzo de 1939, cuando el general Francisco Franco liderando un levantamiento militar, tomara como último bastión la capital de la República. La II restauración Borbónica llegó a un país devastado por la lacra de reprensión y miedo, mezcla de años oscuros, donde la manta de la autarquía campeaba a sus anchas con el beneplácito del “ganador”.  Un ganador autoproclamado como “el salvador de España”, en un país contagiado por el luto y la vergüenza.

Alguien dijo que en la guerra no hay vencedores ni vencidos, sino sólo muertos. Tristemente de esto sabe mucho nuestra querida España; la historia de este país está grabada a sangre y fuego por personas que sufrieron la pérdida de sus vidas, luchando por libertades y justicias. Lejos de bandos e ideologías, Juan Carlos I, llegó como el tobogán por el cual España estaba deseando deslizarse, después de quitarse las mordazas que le oprimían. Y así fue; el país obró con dificultad pero con madurez hacia la democracia tan deseada y anhelada por todos. Hoy en día, España está totalmente integrada en la sociedad moderna. La democracia está implantada en la base orgánica de este país y no entenderíamos un futuro sin este resorte de derechos y libertades.

No cabe ninguna duda, que el mayor don que ha recibido el hombre es la libertad y según mi opinión, la libertad la podemos valorar según la experiencia o el juicio que tengamos de la “ausencia” de ella.

La Biblia nos habla mucho de este tema. En el libro de Génesis, vemos la tragedia más horrible de la historia de la humanidad. El hombre; siendo totalmente libre bajo el gobierno de Dios, prefirió ser esclavo bajo el gobierno del diablo.  La relación que tenía con Dios se rompió y pasó a engrosar la lista de un régimen, cuyo derecho único y fundamental es la separación eterna con Dios.

La Biblia nos enseña, que el hombre está corrompido por el mal que hay dentro de él. Es más; está esclavizado  -…todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado- (Evangelio de Juan 8: 34).  Por tanto; si somos esclavos del pecado y estamos dentro de un régimen que nos separa de Dios… ¿somos realmente libres?

Jesús cuando hablaba de libertad, era malinterpretado por sus contemporáneos judíos.  Ellos creían en una libertad política, ya que eran oprimidos por el Imperio Romano. Pero realmente, a qué clase de libertad se refería Jesús cuando dijo: Si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres. (Evangelio de Juan 8: 36).  Pues se refería a la anulación total del régimen dictatorial del pecado, que nos condenaba a vivir toda nuestra vida (mortal e inmortal) lejos de la paz y del gobierno de Dios.

Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están es Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al espíritu. (Carta a los Romanos 8: 1). Es interesante notar que la liberación que nos ofrece Jesús, rompe cualquier forma de oposición habida y por haber. El cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo -Jesús- en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados. (Carta a los Colosenses 1: 13-14).

No hay en este mundo, ni en todo el universo, un poder tan absoluto como la liberación que Jesús ganó en la cruz del calvario.

Un escritor americano llamado Cyrill J. Barber, escribió: La libertad política está basada en la libertad espiritual. Cuando esta última es sacrificada a través de la tolerancia de la maldad, inevitablemente surgen la opresión y la destrucción de todas las normas de moral.

Jesús nos enseñó, no sólo que El es el único que nos puede liberar de una vida de esclavitud espiritual; sino que su Palabra (La Biblia) es la fuente de las libertades y justicias que el hombre necesita para vivir en sociedad.  Mientras que las sociedades modernas, centren únicamente su atención a movimientos globalizados, ya sean económicos, culturales, sociales…, pero dejen los valores cristianos (La Biblia), podremos vivir creyendo que somos libres, pero en realidad seguiremos viviendo en la más mísera política de la dictadura del fuerte y la desventurada esclavitud del débil.

Al contrario de lo que promulgaba la Ilustración, todos nacemos  súbditos de una moral corrompida que marca nuestro caminar diario. Jesús, aunque se sometió al régimen colonial Romano, vivió dentro del marco divino de la libertad y la justicia, proporcionándolo y aplicándolo a todos sus semejantes.  El Rey (Jesús) vino para darnos una libertad que transforma vidas, sociedades y países esclavizados, en órganos de justicia y libertad, marcados por el amor y la misericordia, atributos intrínsecos de su naturaleza.

La fuente de esa verdadera y plena libertad se encuentra en la cruz de Cristo. Su muerte y su resurrección nos abre el camino a un reino, donde la justicia y la paz (aun no disfrutándola en esta vida) dan sentido a la manifestación máxima de lo que es Dios.

Y tú ¿eres libre?

José Valero Donado

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