Ganar todo el mundo y perder el alma

Una de las cosas que más me impresionan en esta vida, es la superficialidad con las que tratamos las cosas más importantes y la importancia que le damos a las cosas más superficiales.  Hay veces que arriesgamos gran cantidad de tiempo y dinero en cosas que no nos aprovechan y sin embargo dejamos a un lado cosas que son vitales para nuestro desarrollo social o personal. Las personas en general tenemos grandes problemas al valorar cuál es el esfuerzo que tenemos que invertir en qué proyecto o qué cosa. Sin embargo, vivimos tan deprisa, que no nos da tiempo a hacer una valoración real de la situación y nos lanzamos al vacío creyendo que hacemos lo correcto.

            El problema en cuestión sería saber lo que es “más” importante y lo que es “menos” importante, para que el fruto de nuestros esfuerzos sea el adecuado en cada situación. Claro, es muy fácil decirlo pero muy difícil hacerlo, sobre todo si tienes pareja o estás casado. Porque la decisión de si es importante o no, ya no depende sólo de una persona, sino de dos o más. Por tanto ¿cómo podemos saber si una cosa es importante o no, para poder dedicar mis esfuerzos a ello y que esto no suponga una pérdida de tiempo?

            Pues mira; el evangelista Marcos en su capítulo 8 versículo 36, nos habla de una  conversación que Jesús tuvo con sus discípulos. Dentro de este texto, Marcos recoge unas palabras que el Maestro dice a sus oyentes: ¿Qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?   La pregunta de Jesús hace que reflexionemos sobre todo en 2 cosas, el provecho y la pérdida.  Dos cuestiones fundamentales para saber si lo que hacemos es importante o no. Por ejemplo: ¿Qué provecho tiene discutir con mi mejor amigo de fútbol o de coches?  Lo más seguro es que me gane un buen disgusto o algo peor.  ¿Puedo estar viendo la TV el tiempo que quiera sin hacerle caso a mi esposa, sin perder nada a cambio? No lo creo; de momento perderás su afecto, al creer que la TV es más importante que dedicarle tiempo a ella.   ¿Entendemos esto?  Jesús pone una línea entre lo más importante para el hombre y lo que no lo es. Es más; el maestro les dice a sus discípulos que lo vital para el hombre no es lo exterior, sino lo interior, el alma.

            La verdad absoluta que subyace en esta pregunta es la existencia del alma y la eternidad que Dios puso en ella. Tú y yo hemos sido creados para vivir eternamente. Es cierto que moriremos algún día, pero Jesús nos enseñó que el cuerpo físico será devuelto al polvo y su alma será presentada delante de su creador (Eclesiastés 12:7).  Por eso el mensaje de Jesús no era un mensaje caduco. Todas las grandes civilizaciones, corrientes filosóficas o movimientos histórico-culturales tuvieron su tiempo, pero ya han pasado y sólo queda el recuerdo.  El evangelio de Cristo no caduca porque el espíritu del hombre no es caduco. ¿Creemos que Cristo sufrió en una cruz sólo para que seamos mejores personas durante 5, 10 o 40 años, sin más? No. La sangre de Jesús nos limpió de todo pecado y gracias a esa sangre el hombre podrá disfrutar eternamente con Dios para siempre (Juan 14:2).

            Por tanto; qué puede haber más importante que nuestra alma. Nuestro futuro eterno depende de ella, sería de insensatos no prestarle la importancia que tiene, porque estamos hablando de lo que somos, no de lo que tenemos o de lo que queremos ser.  Mucha gente considera importante vivir durante toda su vida ganando riquezas, acumulando bienes y no cabe duda que esto es lícito, pero si anteponemos esto a nuestra vida espiritual, estaremos perdiendo algo más que esfuerzos en vano, estaremos perdiendo nuestra alma.

            Jesús dijo en una ocasión: Buscad primero el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas (Mateo 6:33). Hace pocas semanas, un futbolista sufrió una terrible rotura en su tobillo en un partido de fútbol. Sus compañeros desolados lo acompañaron en la camilla mientras salía del terreno de juego; mientras, otros lloraban tirados en el césped. En la rueda de prensa le preguntaron a su entrenador por el desarrollo del encuentro, y el entrenador consternado dijo: En estos momentos, el resultado es lo de menos, ahora todo carece de importancia.

            No hay otra cosa más importante en esta vida que buscar a Dios y pedirle su perdón. Todo es poca cosa al lado de la transcendencia de una eternidad en los cielos. Jesús nos brinda la posibilidad de valorar lo importancia de sus palabras, al aceptarlas y ponerlas por obra.

¿Crees que tu alma es importante?

 José Valero Donado

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