El auténtico regalo de la Navidad

“Esa luz verdadera, la que alumbra a todo ser humano, venía a este mundo…” S. Juan 1:9

Enseñar o explicar algo que conocemos a los demás no siempre resulta fácil, especialmente cuando lo que contamos es muy importante y queremos que todo el mundo pueda entenderlo. Medimos nuestras palabras y buscamos ejemplos que hablen por sí mismos.

La luz es la esencia de la vida, pone todo de manifiesto, permitiéndonos apreciar colores, tamaños, formas… incluso es realmente asombroso descubrir que la capacidad del fitoplancton de captar la energía solar sostiene la cadena alimentaria oceánica.

Juan se refiere al nacimiento de Jesús como “aquella luz verdadera que alumbra a todo hombre”. Este hecho histórico afectó y afecta a toda la humanidad; literalmente en el sentido de que vertebra y explica nuestra historia y la realidad de nuestro mundo, pero lo es también porque explica la realidad de todo ser humano, pues la obra de Jesús pone de manifiesto lo que hay en nosotros.

Quizás en un año como 2020 en el que estamos amenazados por un virus agresivo, tengamos la tendencia a pensar que nuestros problemas proceden siempre del exterior, de lo que hay a nuestro alrededor, pero la Navidad pone de relieve otra realidad, que hay un problema en nuestro interior.

La llegada del niño Jesús al mundo no fue una decisión tomada a la ligera ni tampoco formaba parte de un plan improvisado, sino que era el plan eterno de Dios para el ser humano, para ti y para mí.

Ver nuestra realidad no resulta fácil ni agradable y solemos culpar a los demás de nuestros errores, pero no es nada nuevo, ya lo explicaba el apóstol Pablo:

«No hay ni un solo justo,
ni siquiera uno.
Nadie es realmente sabio,
nadie busca a Dios.
Todos se desviaron,
todos se volvieron inútiles.
No hay ni uno que haga lo bueno,
ni uno solo».

Romanos 3:10-12

Pero el nacimiento de Jesús aportó una solución a nuestra realidad, de hecho la ha cambiado, ha sido efectiva para muchas personas a lo largo de la historia, también para mí:

“Mas a cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios.” Juan 1:12

Creer en el nombre de Jesús es algo más que decorar nuestras casas o que agasajar a nuestros seres queridos con cenas y comidas deliciosas o hacer felices a los que nos rodean con pequeños detalles… creer en el nombre de Jesús es ver nuestra realidad y confiar en que solo Él puede cambiarla.

Podríamos hacer una lista grande de cosas que deberíamos cambiar, de actitudes que podríamos mejorar, de sentimientos que no son correctos, de acciones que han dañado a otros… Aunque a veces somos incapaces de verlo, realmente necesitamos la luz de Cristo para apreciarlo y para transformar nuestra vida.

El nacimiento de Jesús fue solo el principio de un plan eterno para la humanidad; un plan que le llevaría después a la muerte y, finalmente, culminaría en su resurrección; un plan que nos otorga el perdón de nuestros pecados y nos libera del mal. Un plan que puede transformar nuestra vida.

“Pero si confesamos nuestros pecados a Dios, él es fiel y justo para perdonarnos nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad.” 1ª Juan 1:9

La recompensa es el derecho legítimo de ser hechos hijos de Dios, este es el auténtico regalo de la Navidad.

¡Disfrútalo!

Marta López Peralta

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