El día 1 de junio de este año 2019, tuvo lugar una ceremonia religiosa en Valdepeñas (Ciudad Real). El acto iba dirigido a la Virgen de Consolación, patrona de esta ciudad. Concretamente, se le coronaba como Canónica Pontificia en medio de la devoción de aquellos que presenciaron dicho acto. Para este evento, el ayuntamiento engalanó el centro de la ciudad y pétalos de flores caían desde los balcones adornando las calles por las cuales pasaba la Virgen en procesión triunfal. Altos cargos religiosos dirigieron la ceremonia y autoridades militares, políticas y sociales presenciaron un encuentro que pasará a los anales de la historia de Valdepeñas.

Aunque no tenemos espacio para entrar en profundidad, en el discurso que realizó el obispo en este acto, hubo muchas cosas que me llamaron la atención. Pero al menos hay dos puntos que me gustaría destacar y con la Biblia en la mano rebatir dichas afirmaciones.

  1. “Hoy es un día de gratitud y agradecimiento a la Virgen de aquellos que se ponen bajo su manto y consuelo”.

Dice la Biblia en Isaías 66: 13 “Como aquel a quien consuela su madre, así os consolaré yo a vosotros…”.  Y el apóstol Pablo dice en Romanos 15: 5 “Pero el Dios de la paciencia y de la consolación os dé entre vosotros un mismo sentir según Cristo Jesús…”.

En las Sagradas Escrituras, no vemos en ningún sitio que nadie tome la prerrogativa divina en cuanto al consuelo del alma, sino solo Dios. Él no solo consuela a la persona que le busca, sino que le protege bajo un marco de gracia (amor inmerecido). Sin embargo, buscar el consuelo en otro sitio que no sea Dios mismo, provoca un error teológico que va más allá de una mala enseñanza. Según el obispo, ponerse bajo el “manto y consuelo de la Virgen” es poner al mismo nivel las dos fuentes de consuelo. Es como decir que, en el cielo podemos consolarnos con la Virgen o con Dios. Y esto acarrea serias contradicciones teológicas, porque si la Virgen tiene la capacidad de consolar a las personas, entonces, estaríamos diciendo que hay otra alternativa a Dios para dar consuelo al corazón de los hombres. Y aquí entramos en algo muy complejo y complicado de entender.

En primer lugar, estaríamos diciendo que la Virgen tiene atributos que solo Dios posee en toda su perfección. Imaginemos que los siete mil millones de personas que ahora habitamos la tierra, pedimos consuelo a la Virgen. Según el Obispo, todos recibirían consuelo y protección. Para que esto sea posible, la Virgen debería tener al menos 10 atributos divinos: Omnisciencia, omnipresencia, omnipotencia, justicia, santidad, amor, misericordia, perfección, sabiduría y veracidad.  Sin embargo, en el hipotético caso de que tuviera estos atributos (cosa imposible), cómo entendemos la obra del Espíritu Santo en la tierra. ¿No es el Espíritu Santo el que hace esta labor en el mundo? (Juan 14:26; 15:26; 16:7).  Entonces, ¿cómo podemos entender que una persona pueda tomar el lugar de Dios Espíritu Santo y aplicarse atributos y ministerios que no le competen?

En segundo lugar, estaríamos cometiendo idolatría. Reconocer que el consuelo celestial viene de la Virgen es compartir a partes iguales la adoración con Dios. El primer mandamiento dice: No tendrás dioses ajenos delante de mí. Dios es único, no hay nadie como él en todo el universo. Poner a su altura cualquier cosa que manche su reputación es una ofensa a su nombre, que es santo y perfecto. Los dioses con minúscula, hace miles de años eran adorados y venerados por encima del verdadero Dios. La Biblia llama a esto “idolatría”. Hoy en día, podemos ser unos idólatras venerando cualquier cosa que pongamos por encima del reconocimiento que se merece Dios. En este sentido, aplicar las prerrogativas que solo Dios posee a la Virgen de Consolación y venerar su nombre poniendo a la altura su labor celestial, incumple seriamente el primer mandamiento divino. Podríamos decir que la idolatría es la materia prima del pecado, la cual, tiene como objetivo desviar la atención que se merece Dios, concentrando su esfuerzo en no conocer la Verdad, sino fomentando la oscuridad en los corazones de los hombres.

  1. “Cuando nos hemos sentido desanimados, descubrimos su mirada de amor a nosotros”. “Hoy la reconocemos como madre nuestra”.

Aunque hay un gran porcentaje de simbolismo en estas palabras, hay que decir que, detrás de este mensaje existe una falsa doctrina que desvía la atención de la verdad bíblica. La Biblia dice en Hebreos 7: 25 que el único intercesor entre el hombre y Dios es Jesucristo: “…Por lo cual (Jesucristo) puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos…”.  En este y otros textos bíblicos la Biblia nos enseña que no hay nadie capaz de hacer este ministerio de intercesión. Y nos preguntamos ¿por qué? Pues la respuesta la tenemos en la cruz. Jesucristo murió en la cruz para llevarnos al Padre e interceder por nosotros en el cielo. Jesús llevó nuestros pecados en sus hombros y la ira santa de Dios Padre fue satisfecha en él. Pero hay algo más, a la vez que pagó el precio de mi pecado, que es la muerte, me vistió con su justicia. De esta manera, cuando Dios Padre me mira, me ve a través del vestido de justicia que me dio su Hijo y entonces soy aceptado por él (Romanos 4: 25).

Por tanto, para ir al cielo es necesario aceptar a Jesús en nuestro corazón como Señor y Salvador de nuestras almas. Jesús dijo: “Yo soy el camino y la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino es por mí” (Juan 14: 6).

La doctrina bíblica nos enseña que en el cielo no hay nadie capaz de interceder por nuestras almas al Padre. Es más, en el cielo no hay nadie que por sus méritos pueda hacer esta labor. La salvación no es por obras (Efesios 2: 9), sino por la gracia de Dios. Reconocer a la Virgen de Consolación como nuestra madre es quitar los méritos de Jesucristo para dárselos a ella por sus obras de caridad. Si Jesucristo murió por mí en la cruz, perdonó mis pecados, me justificó, me santificó y ahora intercede por mí al Padre, qué más puede hacer la Virgen por mí. ¿Acaso la Virgen puede añadir o quitar algo a la muerte sacrificial que Jesús hizo en la cruz y a su ministerio en el cielo? ¿Acaso la Virgen tiene potestad en el cielo para desplazar a Jesús como el único intercesor? ¿Acaso no es Dios el único Padre que tenemos para que ahora nos tengamos que encomendar a una Virgen?

Querido amigo, la Palabra de Dios tiene mucho que decirnos en cuanto a estos temas. Si creemos que la Biblia es la Verdad, no podemos obviar lo que ella nos enseña. Un dios de cartón es simplemente eso, de cartón. Pero el Dios de la Biblia es único, santo, perfecto, eterno, omnipotente, majestuoso, incomparable… Es el único digno de adoración y veneración. Cualquier cosa que pongamos en nuestra vida a su altura será desprestigiar su nombre y desacreditar el sacrificio vicario de su Hijo Jesucristo a nuestro favor.

José Valero Donado

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