Y Cristo murió por todos, para que los que viven ya no vivan para sí mismos, sino para él, que murió y resucitó por ellos”  (2ª Corintios 5:15).

La Biblia distingue solamente dos manera de vivir. La primera consiste en vivir para sí, en vivir tu vida. En otras palabras, consiste en considerar tu vida como tu bien personal, un capital que uno se propone gastar según sus gustos, sin que le importe a nadie. Pero si somos sinceros, ¿nos ha proporcionado esta clase de vida todo lo que esperábamos de ella? Es muy probable que tu respuesta sea negativa. El Señor Jesús en una ocasión contó una historia acerca del peligro de vivir de esta manera, diciendo: “Había un hombre rico, cuyas tierras dieron una gran cosecha. El rico se puso a pensar: “¿Qué haré? No tengo dónde guardar mi cosecha.” Y se dijo: “Ya sé lo que voy a hacer. Derribaré mis graneros y levantaré otros más grandes, para guardar en ellos toda mi cosecha y todo lo que tengo. Luego me diré: Amigo, tienes muchas cosas guardadas para muchos años; descansa, come, bebe, goza de la vida.” Pero Dios le dijo: “Necio, esta misma noche perderás la vida, y lo que tienes guardado, ¿para quién será?” Así le pasa al hombre que amontona riquezas para sí mismo, pero es pobre delante de Dios” (Lucas 12:16-21).

Pero hay otra manera de vivir. Dios nos invita, después de haber creído en él, a vivir para su Hijo Jesucristo. En vez de vivir teniendo como meta satisfacer nuestro propio ego, Él nos invita de ahora en adelante a vivir para Aquel que “murió y resucitó” por nosotros.

La Biblia nos dice que, “Tanto amó Dios al mundo, que no dudó en entregarle a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino tenga vida eterna” (Juan 3:16). Al amarme hasta morir para salvarme, Jesús adquirió los derechos sobre mi voluntad y mis deseos. De ahora en adelante mi propia voluntad, que me llevaba a la bancarrota, ha sido reemplazada por la suya. Como le ocurrió al apóstol Pablo: “Ya no soy yo quien vive; es Cristo quien vive en mí. Mi vida en este mundo consiste en creer en el Hijo de Dios que me amó y se entregó por mí” (Gálatas 2:20). Solo esta clase de vida que Cristo Jesús me ofrece es una vida plena, una vida feliz. Ahora, una vez recibida esta clase de vida, podemos afirmar también con el apóstol Pablo que “Para mí el vivir es Cristo” (Filipenses 1:21). Es decir, no entiendo otra manera de vivir que no sea vivir junto a Cristo. Querido amig@, ¿has escogido tú ya de qué manera quieres vivir la vida?

Adaptado por Benjamín Santana

Leave a Reply