Uno de los científicos más renombrados de nuestra generación, estuvo en nuestro país hace pocos días. Considerado como uno de los científicos más brillantes del mundo, Stephen Hawking como así se llama, nos dejó boquiabiertos como lo suele hacer por donde va, al comentar una de sus brillantes ideas.  Dijo: “Los  ordenadores  superarán  a  los  humanos  en  los  próximos  cien  años. Cuando  eso  ocurra,  tenemos  que  asegurarnos  de  que  sus  objetivos  coincidan  con  los  nuestros ”.   Esta frase la completó aludiendo al temor de que la inteligencia artificial sea un peligro para la raza humana en el futuro.  “Es  necesario,  que  el  hombre  conquiste  el  espacio  para  poder  sobrevivir  como  especie”,   terminó  diciendo.

Personalmente creo que Stephen Hawking  tiene razón, cuando se autoproclama el abanderado del miedo ante lo desconocido y ante lo que probablemente pase. Pero también creo que hay mayores desafíos para la humanidad, de los cuales si no ponemos remedio inmediato, posiblemente ni veamos dentro de 100 años el poder de esta ciencia artificial. La contaminación, la pobreza, las guerras, las pandemias o las catástrofes naturales ya están abriendo una grieta en esta tierra que grita libertad, ante la esclavitud de sus mayordomos.

Dios nos dejó una tierra y unos cielos flamantes, libres al 100% de polución y basura errante; pero el hombre se empeñó en ensuciar el suelo con sangre, como hizo Caín con su hermano Abel, declarando el pistoletazo de salida al derrumbe en masa de una tierra creada “buena, en gran manera” (Génesis 1: 31).

El apóstol Pablo nos dice en el libro a los Romanos en el capítulo 8, que la creación está gimiendo a causa de la esclavitud de corrupción.  Hay un mal que nos acecha aún peor que la inteligencia artificial, y es el pecado que el hombre tiene en su corazón. Este mal, ha propiciado el sometimiento de Dios a una creación hecha por él mismo, incapaz de defenderse de las atrocidades que el hombre comete, subyugándole a su antojo.  Por tanto; ¿estamos a tiempo de salvar la tierra y con ello a nosotros mismos?  Evidentemente todos tenemos que contribuir a una mejora de nuestros recursos y cuidar nuestro planeta, para tener un futuro digno, pero mientras el pecado esté en el corazón del hombre, habrá injusticias, asesinatos, guerras, contaminación, etc…

Stephen Hawking  lleva cierta razón, cuando habla de buscar alternativas en el espacio, como solución de supervivencia de la especie. El problema está, que ir a otro planeta con las mismas personas que han destruido su lugar de origen, daría lugar a otro planeta infectado y sujeto a servidumbre. Sería como sacar un contenedor de basura del vertedero y vaciarlo en el salón de tu casa; a los pocos días no habría diferencia alguna entre el vertedero y tu casa.

Dios es el creador del universo y ha visto cómo el hombre ha usado de manera irresponsable, su cometido de cuidar la tierra.  El problema no está fuera del hombre, como algo que tenemos que solucionar entre todos, para poder sobrevivir a nuestras barbaries; el problema se encuentra dentro del hombre, como una fuente inagotable de maldad, incapaz de curarse por sí mismo.

La única solución a este dilema, es la cruz de Cristo. El Hijo de Dios cuando murió en la cruz, rompió la maldición del pecado que contamina al hombre. La resurrección de Cristo dio paso a una nueva creación, una creación más excelsa que la de nuestros primeros padres Adán y Eva. Una creación en la cual Jesús es el primogénito (Romanos 8:29) de un mundo creado exclusivamente para los que confían en el sacrificio expiatorio de Cristo.

Stephen Hawking  hablaba de buscar un nuevo mundo para vivir; pero Dios mismo ya se lo mostró al apóstol Juan hace muchos años (Apocalipsis capítulo 21). Un nuevo cielo y una nueva tierra habitada por hombres limpiados por la sangre de Cristo, libres del pecado y de la contaminación, abanderados por el Salvador del mundo.  Allí no habrá injusticias, ni peligros, ni llantos, ni oscuridad; no habrá nada que nos haga daño o que nos preocupe. Dios será el que enjugue nuestras lágrimas y la muerte no existirá más.   Por fin la tierra será liberada de la esclavitud del pecado y la nueva creación se unirá a las almas de los redimidos, que alabarán el nombre de Dios por toda la eternidad.

José Valero Donado

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