10 Razones para creer en la Biblia (1ª Parte)


1 Su honestidad

La Biblia es dolorosamente honesta. Muestra a un hombre llamado Jacob, el padre de su “pueblo escogido”, como un engañador. Describe a Moisés, el dador de la ley, como un líder inseguro y reticente que en su primer intento de ayudar a su propio pueblo, mató a un hombre y luego huyó al desierto para salvar su vida. La Biblia retrata a David, no sólo como el rey, general y líder espiritual más amado de Israel, sino también como uno que tomó la esposa de otro hombre y luego, para cubrir su propio pecado, conspiró para matarlo. En un momento, las Escrituras acusan al pueblo de Dios, la nación de Israel, de ser tan mala que hacía parecer como ciudades buenas a Sodoma y a Gomorra en comparación con ella (Ezequiel 16:46-52). La Biblia presenta la naturaleza humana como hostil a Dios. Predice un futuro lleno de problemas. Enseña que el camino al cielo es estrecho y el camino al infierno es ancho. Las Escrituras claramente no fueron escritas para aquellos que desean respuestas simples ni una visión optimista y fácil de la religión y la naturaleza humana.


2
Su Preservación

En el mismo tiempo en que resurgió el estado moderno de Israel, después de miles de años de dispersión, un pastor beduino descubrió uno de los tesoros arqueológicos más importantes de nuestra era. En una cueva ubicada en la orilla noroeste del mar Muerto encontró en una jarra rota documentos que habían estado escondidos por dos milenios. Hallazgos adicionales produjeron manuscritos que anteceden en más de 1.000 años a las copias más viejas. Una de las más importantes fue la copia del libro de Isaías. Reveló un documento que es en esencia el mismo que el libro de Isaías que aparece en nuestras propias Biblias. Los rollos del mar Muerto surgieron del polvo como un apretón de manos simbólico para una nación que volvía a su hogar. Desacreditaron las afirmaciones de aquellos que creían que la Biblia original se había perdido con el tiempo y las alteraciones.


3
Sus afirmaciones de sí misma

Es importante saber lo que la Biblia dice de sí misma. Si los autores de las Escrituras no hubieran dicho que hablaban en nombre de Dios, sería pretencioso de nuestra parte aseverar que es así. También tendríamos otro tipo de problema. Tendríamos una colección de misterios sin resolver envueltos en una literatura ética e histórica, pero no tendríamos un libro que ha inspirado la construcción de innumerables iglesias y sinagogas en todo el mundo. Una Biblia que no asegura hablar en nombre de Dios no se habría convertido en el fundamento de la fe de cientos de millones de cristianos y judíos (2 Pedro 1:16-21). Sin embargo, con mucha evidencia y argumentos para sustentar sus afirmaciones, los autores de la Biblia sí aseguraron estar inspirados por Dios. Debido a que millones han basado su bienestar presente y eterno en esas afirmaciones, la Biblia no puede ser un buen libro si sus autores mintieron consecuentemente sobre la fuente de su información.


4
Sus milagros

El éxodo de Israel desde Egipto proveyó una base histórica para creer que Dios se reveló a sí mismo a Israel. Si el mar Rojo no se dividió como Moisés dijo, el Antiguo Testamento pierde su autoridad para hablar en nombre de Dios. El Nuevo Testamento depende tanto o más de los milagros. Si Jesús no se levantó corporalmente de los muertos, el apóstol Pablo admite que la fe cristiana está basada en una mentira (1 Corintios 15:14-17). Para mostrar su credibilidad, el Nuevo Testamento nombró sus testigos, y lo hizo en un marco de tiempo que permitió que esas afirmaciones fueran probadas (1 Corintios 15:1-8). Muchos de los testigos terminaron como mártires, no por convicciones espirituales o morales abstractas, sino por asegurar que Jesús se había levantado de los muertos. Aunque el martirio no es inusual, la base sobre la cual estas personas dieron sus vidas es lo importante. Muchos han muerto por lo que creían cierto, pero la gente no muere por lo que sabe es una mentira.


5
Su unidad

Los 66 libros de la Biblia fueron escritos por cuarenta autores diferentes que escribieron durante un período de 1.600 años. Cuatrocientos años de silencio separan los 39 libros del Antiguo Testamento de los 27 del Nuevo Testamento. Sin embargo, desde el Génesis hasta el Apocalipsis cuentan una historia en desarrollo. Juntos proveen respuestas consecuentes a las más importantes preguntas que podemos hacer: ¿Por qué estamos aquí? ¿Cómo podemos sobreponernos a nuestros temores? ¿Cómo podemos llevarnos bien con los demás? ¿Cómo podemos sobreponernos a nuestras circunstancias y mantener la esperanza viva? ¿Cómo podemos hacer las paces con nuestro Creador? Las respuestas consecuentes de la Biblia a estas preguntas muestran que las Escrituras no son muchos libros sino uno solo.

 

(Puedes leer la segunda parte de este artículo pinchando aquí)


Fuente: RBC Ministerios (Adaptado)

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