10 RAZONES PARA CREER en Cristo y no en la religión (Primera Parte)


1
Cristo es una persona para conocer y confiar

Cristo es más que un sistema, una tradición o una creencia. Es una persona que conoce nuestras necesidades, siente nuestro dolor, y se conduele de nuestra debilidad. A cambio de nuestra confianza, nos ofrece el perdón de nuestros pecados, intercede por nosotros y nos lleva a Su Padre. Lloró por nosotros, murió por nosotros, y se levantó de los muertos para demostrar que era quien decía ser. Al vencer la muerte, nos mostró que puede salvarnos de nuestros pecados, vivir su vida a través de nosotros en la tierra, y luego llevarnos al cielo con seguridad. Se ofrece a Sí mismo como regalo a todo aquel que confíe en Él (Juan 20:24-31).


2
La religión es algo para creer y hacer

La religión es creer en Dios, ir a los cultos religiosos, estudiar el catecismo, bautizarse y recibir la comunión. La religión es tradición, ritual, ceremonia y aprender la diferencia entre lo bueno y lo malo. La religión es memorizar la Escritura, orar, dar a los pobres, y celebrar los días de fiestas religiosos. La religión es cantar en el coro, ayudar a los pobres, y remediar el mal que hicimos en el pasado. La religión es algo que los fariseos practicaban, esos líderes espirituales, conservadores y separatistas que amaban la Escritura, pero que odiaban a Cristo lo suficiente como para pedir su muerte. Lo odiaban, no sólo porque rompió con las tradiciones para ayudar a la gente (Mateo 15:1-9), sino también porque podía traspasar la religión de ellos y ver lo que había en sus corazones.


3
La religión no cambia el corazón

Jesús comparó a los fariseos religiosos con un grupo de lavadores de platos que limpian la parte de afuera de la taza y dejan lo de adentro sucio. Dijo: “Ahora bien, vosotros los fariseos limpiáis lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro estáis llenos de rapacidad y de maldad. Necios, ¿el que hizo lo de fuera, no hizo también lo de adentro?” (Lucas 11:39-40). Jesús sabía que una persona puede cambiar su imagen exterior sin cambiar su interior (Mateo 23:1-3). Sabía que las credenciales y las ceremonias religiosas no pueden cambiar el corazón. Dijo a uno de los hombres más religiosos de su época que a menos que una persona “nazca de nuevo” por el Espíritu, no puede ver el reino de los cielos (Juan 3:3). Sin embargo, desde ese día hasta hoy, muchas de las personas más religiosas del mundo siguen olvidando que aunque la religión puede prestar atención a las apariencias, sólo Cristo puede cambiar el corazón.


4
La religión da mucha importancia a lo trivial

Jesús habló a los religiosos apasionados por los detalles cuando les dijo: “Mas ¡ay de vosotros, fariseos! que diezmáis la menta, y la ruda, y toda hortaliza, y pasáis por alto la justicia y el amor de Dios. Esto os era necesario hacer, sin dejar aquello” (Lucas 11:42). Jesús ve nuestra tendencia a hacer reglas y a concentrarnos en el comportamiento “moralmente correcto” en vez de mantener nuestros ojos en lo más importante, que es el porqué tratamos de hacer lo bueno. Aunque los fariseos eran muy celosos de llevar sus conocimientos hasta sus últimas conclusiones lógicas, olvidaron que a Dios no le importa cuánto sabemos hasta que le demostramos cuánto le amamos. Fue pensando en este “porqué” que el apóstol Pablo escribió: “Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve” (1 Corintios 13:1,3).


5
La religión no ofrece la aprobación de Dios

Jesús reservó sus mayores críticas para los religiosos que utilizaban su reputación espiritual para recibir atención y honores sociales. A ellos fue que Jesús dijo: “¡Ay de vosotros, fariseos! que amáis las primeras sillas en las sinagogas, y las salutaciones en las plazas” (Lucas 11:43). Luego, hablando con sus discípulos, dijo de los fariseos: “Antes, hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres” (Mateo 23:5). Jesús se daba perfecta cuenta de que la práctica religiosa considera más importante y deseable la opinión y la atención de los hombres que la aprobación de Dios.

 

(Puedes leer la segunda parte de este artículo pinchando aquí)


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