“Más de 40 niñas y niños han sido asesinadas/os por sus padres biológicos o parejas o exparejas de la madre desde que en 2013 se empezó a contabilizar este tipo de asesinatos, cuyo objetivo es destruir a la mujer para siempre.” (https://www.ucm.es/otri/noticias-violencia-vicaria-ucm)

Pocas noticias causan el estupor y la indignación que nos ocasiona la que, recientemente, se ha producido en Sueca; o, haciendo algo más de memoria, en Tenerife, Logroño, Madrid, Córdoba, Zaragoza, Alcoy… una lista mucho más amplia de lo deseado por cualquiera de nosotros.

Pero si es algo tan triste, ¿por qué noticias de este tipo llenan las crónicas de nuestros periódicos tan a menudo?

¿Qué puede llevar a un progenitor a provocar un daño irreparable y doloroso a su propio hijo o hija? ¿Qué puede llevarle, incluso, a hacer desaparecer sus restos completamente? ¿Se les elige, sencillamente, para causar un perjuicio aún mayor al otro progenitor? ¿Es posible odiar tanto a una persona para cometer tal atrocidad?

Me impresionó mucho el nombre dado a este tipo de actos, muerte vicaria, o lo que es lo mismo, muerte por sustitución. El niño o la niña pasan a sustituir a uno de sus progenitores, siendo objeto de la violencia desmedida del otro, con el fin de ocasionarle el mayor daño posible.

Estaba acostumbrada a utilizar este término en otro contexto, y seguramente, tú también, pues vivimos en un país de tradición cristiana y estamos familiarizados con la muerte vicaria de Cristo. La imagen de Cristo en una cruz se ha paseado por muchas de las calles de nuestro país en estos días, aunque no estoy segura de si todos entendemos, en su totalidad, lo que esas iconografías representan.

“Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu.” 1ª Pedro 3:18

“Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.” Romanos 5:8

Jesús fue nuestro sustituto en la cruz. Él voluntariamente renunció a todos sus privilegios y entregó su vida por ti y por mí. Ocupó el lugar que merecíamos cada uno de nosotros, cargando con el juicio del pecado, pagando la deuda que habíamos contraído con Dios, dándonos así el beneficio de ser hechos su hijos “A los que creen en su nombre les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” S. Juan 1:12

¡Qué gran diferencia! Muerte vicaria que sólo ocasiona desconsuelo y dolor insoportable, y muerte vicaria que nos ofrece un nuevo Padre, un padre celestial que provee para todas nuestras necesidades espirituales “Porque de su plenitud todos hemos recibido gracia sobre gracia” S. Juan 1:16 “No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?… vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” Mateo 6:30-33

Odio, antipatía, enemistad, hostilidad, terror, espanto, egoísmo… son algunos de los sentimientos que salen del corazón humano y que originan estos actos horrorosos.

Por el contrario Dios nos ofrece amor, afecto, compasión, caridad, benevolencia, cariño, dedicación, misericordia… a través de su Hijo Jesucristo.

Esta muerte por sustitución fue, realmente, un acto de amor con alcance eterno e ilimitado, ofrecido a toda mujer y hombre, de cualquier época y lugar. Es, asimismo, la que nos capacita para transformar nuestro interior y derribar la maldad que nos puede llevar a cometer actos tan atroces.

¿Cómo puede erradicarse este mal que parece arraigarse en nuestra sociedad? ¿Es solo cuestión de educación en valores o hay algo más? ¿Tiene el ser humano la necesidad de mirar, con sinceridad, su condición interior y acudir a Dios para deshacerse de todo lo que no es bueno? ¿Quién nos otorga la capacidad de perdonar y amar?

“Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.” 1ª Juan 1:8-9

“Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado en nosotros.” 1ª Juan 4:12

Marta López Peralta