El famoso actor Adam Sandler, protagonizó una divertida película llamada Click. En esta película Michael, que es como se le llama a Adam, recibió un mando a distancia habiendo hecho un contrato con un extravagante mecánico de aparatos extraños, en medio de una circunstancia un tanto peculiar. Michael, atosigado por el trabajo y por los compromisos familiares consiguió que el mágico mando a distancia solucionara temporalmente sus problemas de tiempo, compaginando sus responsabilidades laborales y familiares. El mando mágico funcionaba, podía ir tanto para adelante como para atrás sin problemas. Además, podía saltarse las partes de su vida menos agradables y poner en pausa o en cámara lenta las que más le gustaban. La verdad es que era fantástico.

El problema empezó cuando se dio cuenta que el mando tenía una función que guardaba en su memoria las partes favoritas de su vida y dejaba a Michael en modo automático las partes más desagradables.  El mando estaba programado para funcionar según los gustos del consumidor, en este caso Michael. Esto dio lugar a que, este hombre solo viviera las partes agradables de su vida en modo tan rápido que sus hijos crecieron sin que él se enterara, su mujer se divorció de él porque estaba en modo automático cuando discutían y se hizo viejo tan rápido que ni él mismo se enteró. Cuando quiso deshacerse del mando a distancia no pudo, el que se lo había entregado con un contrato firmado por mutuo acuerdo era la misma muerte, representada en un mecánico de aparatos antiguos.

Esta película nos presenta una de las necesidades más grandes que tiene el hombre, el tiempo. Michael necesitaba tiempo para el trabajo, pero también para su familia, necesitaba TIEMPO y este mando era la solución a sus problemas. Sin embargo, la cuestión radicaba en que la muerte estaba detrás de todo esto, esperando recoger los frutos de su propósito: llevar cuanto antes a la tumba a aquellos que utilizaran el mando.

Cuando nos enfrentamos al ocaso de un año, siempre vienen a nuestro recuerdo las cosas buenas y las cosas menos buenas que nos han pasado. Pero la sensación, al menos la mía, es que me ha faltado tiempo para hacer más cosas. El tiempo es “oro” y si pudiera tener un mando mágico, podría rebobinar al pasado para volver a ocupar el tiempo en algo más provechoso.

El apóstol Pablo nos dice en el libro de Efesios 5: 16 que “aprovechemos bien el tiempo, porque los días son malos”. Un poco antes nos dice que tenemos que andar (vivir) como sabios, no como necios y un poco después nos dice que no seamos insensatos, sino entendidos de cuál es la voluntad de Dios. Por tanto, la cuestión no es solo en qué ocupamos nuestro tiempo, sino en saber cuál es la voluntad de Dios para ocupar sabiamente nuestros días. ¿Y por qué es necesario saber la voluntad de Dios para ocupar nuestro tiempo? Bueno, porque entre otras cosas, el tiempo es un regalo que Dios nos ha dado. Todas las personas que hemos venido a este mundo hemos sido agraciados con el don de la vida y además con un propósito fundamental que es darle la gloria a él con nuestras vidas (Salmo 29: 2).

En otras palabras, si ocupamos nuestro tiempo en cosas que no aprovechan buscando nuestra propia gloria en vez de buscar la gloria de Dios, estaremos menospreciando este regalo divino. Por tanto, la cuestión del tiempo nos lleva a plantearnos no solo el propósito de porqué hemos sido creados, sino el propósito del porqué vamos a una muerte segura. En este sentido, las personas no tenemos acceso a ningún mando mágico para ser siempre jóvenes y vivir eternamente. Este año ha pasado y ya sea de una manera o de otra, hemos perdido o aprovechado el regalo del tiempo que Dios nos ha dado. Todos estamos abocados a cerrar etapas o años en nuestra vida con la evidencia de nuestra incapacidad para volver al pasado y con la certeza de que cada vez tenemos menos tiempo para vivir el futuro.

Hay un himno cristiano que empieza diciendo: Están mis tiempos en tus manos, oh Dios y Padre celestial. Dios no nos ha dado un mando mágico para poder hacer o deshacer cosas en el tiempo, pero sí nos ha prometido que estará con nosotros todos los días de nuestra existencia. Por eso, quien confía en Dios, también puede confiar su tiempo en sus manos. Si hemos desperdiciado el tiempo en este año pasado ya no podemos hacer nada para remediarlo, pero sí podemos poner el tiempo de este año que entra en sus manos. Michael se equivocó poniendo su tiempo en manos de la misma muerte, sin embargo, el cristiano ha puesto su vida en las manos de Dios, quien cada día le provee de tiempo suficiente para darle gloria y vivir el tiempo como sabios y entendidos de cuál es la voluntad de Dios para sus vidas.

José Valero Donado

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