Parece que fue ayer cuando estábamos celebrando la Navidad, cuando estábamos comiendo en familia, abriendo los regalos, saboreando los polvorones… Lo cierto es que ha pasado prácticamente un año y se nos ha venido encima otra Navidad casi sin darnos cuenta. Esto me lleva a pensar en lo rápido que pasa el tiempo y en lo poco que valoramos el presente.  Parece que vivimos la vida metidos en un coche que recorre el calendario a toda velocidad, sin pararnos a descansar y disfrutar del maravilloso paisaje que tenemos a nuestro alrededor. Amontonamos Navidades en el maletero de nuestro super coche, y a veces lo hacemos sin pensar dónde vamos o en qué dirección nos encontramos.

El evangelio de Lucas nos relata el nacimiento de Jesús y dice algo que parece no encajar mucho con el relato, pero tiene un significado muy profundo. Lucas capítulo 2, versículo 19 dice: “Pero María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón”.   Muchas cosas ocurrieron debido al nacimiento de Jesús: las profecías, el ángel Gabriel, la anunciación de los ángeles, los pastores, Herodes, el empadronamiento, la posada, la estrella, los magos, etc. Parece como que se amontonaba una cosa encima de la otra sin tiempo para reaccionar. Los pastores habían presenciado la mayor noticia dada a los seres humanos y que transformaría el porvenir del universo. Los ángeles habían aparecido en la noche cantando alabanzas a Dios y ellos habían recibido la noticia del nacimiento de Jesús deslumbrados por la fantástica puesta en escena. En ese momento, aquellos hombres fueron para encontrarse con el niño que estaba envuelto en pañales y acostado en un pesebre.

El evangelista Lucas nos dice que, cuando los pastores llegaron al lugar indicado encontraron a José, María y al niño acostado en un pesebre. También nos dice que los pastores relataron todo lo que vieron y la gente que había allí se maravillaron de oír esto. Sin embargo, en medio de todos estos acontecimientos y en medio de este milagro incomprensible para cualquier mente humana, Lucas nos dice que María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. María tenía tanta información en la cabeza que, posiblemente, su mente no alcazaba a procesar todo tan rápido como ella quisiera. Aun así, en medio de estos acontecimientos María decide pararse y tomar tiempo suficiente para reflexionar y meditar en todos estos sucesos.

¿No crees que esto es una lección para nosotros hoy en día? La Navidad es una de las fechas más significativas del año y, sin embargo, podemos pasar tan rápido estos días que ni siquiera nos paremos a pensar qué es lo que estamos celebrando. Y lo que estamos celebrando es ni más ni menos que el mayor acontecimiento de la historia de la humanidad. Dios se hizo hombre y habitó entre nosotros. El Hijo de Dios se humanó, vino a esta tierra en forma de niño para nacer entre los mortales.

El propósito de Jesús era salvar a las personas de sus pecados y lo hizo naciendo como hombre y ocupando nuestro lugar en la cruz del Calvario. Por tanto; aunque parezca extraño decirlo, la Navidad existe por culpa de la gravedad que el pecado ha infringido en los corazones de todos nosotros. Por eso, el mensaje de la Navidad son Buenas Noticias. Jesús ha venido a traer salvación y vida a los hombres que quieran arrepentirse de sus pecados. ¿No crees que esto es maravilloso? Dios se hizo hombre, habitó entre nosotros y murió en nuestro lugar para salvarnos de nuestros pecados y llevarnos al cielo donde estaremos con él eternamente.

Por eso, el mensaje de la Navidad no tiene solo un día especial para recordarlo, todos los días podemos pararnos y meditar, reflexionando en este acontecimiento que transformó la historia de la humanidad. María guardó todas estas cosas y las meditó en su corazón. Espero que aprendamos de ella y nos paremos a meditar en estas verdades eternas que transformaron el mundo, dándonos la oportunidad de ser salvos, ni más ni menos, que por la gracia y la misericordia de Dios.  ¡Feliz Navidad!

José Valero Donado

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