Aunque las circunstancias que nos rodean y que nos obligan a permanecer confinados en nuestras casas hayan desfigurado nuestro día a día, la realidad es que nos encontramos inmersos en esa semana especial del año que denominamos Semana Santa. Suelen ser días de vacaciones que  la mayoría suele aprovechar para realizar viajes, visitar familiares o dejarse llevar por el fervor popular de las procesiones. Para los creyentes en Jesucristo, no obstante, se trata de una fecha especial. En ella que recordamos de manera especial el inmenso amor de Dios enviando a su Hijo a morir por nosotros.

¿Es Dios bueno  a pesar de la situación que estamos viviendo?

La presente situación que estamos viviendo como consecuencia de la pandemia por el coronavirus (covid-19)  puede llevarnos  a dudar de la bondad de Dios. Sin embargo su misericordia hacia el género humano no se deja de manifestar día tras día, habiendo creado este lugar privilegiado en el vasto universo apto para la vida y la belleza en su máximo esplendor. Un lugar que no sólo ha creado sino que también sustenta y mantiene.

La consecuencia de nuestra maldad

La Biblia describe el origen de los problemas que nos acucian como la consecuencia de nuestra maldad, de haber dejado a un lado a Dios y buscar soluciones a nuestros problemas por  nosotros mismos. El profeta Isaías en el capítulo 53, versículo 6, del libro que lleva su mismo nombre, nos muestra la situación en la que se encuentra todo el género humano: “Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino”. Es una regla universal en la que todos nosotros nos encontramos incluidos, y por la que consiguientemente  estamos bajo el juicio de Dios.

El remedio a nuestra maldad

Pero no es el deseo de Dios el que permanezcamos en esta condición: «Vivo yo» —declara el Señor Dios— «que no me complazco en la muerte del impío, sino en que el impío se aparte de su camino y viva. Volveos, volveos de vuestros malos caminos. ¿Por qué habéis de morir, oh casa de Israel?» (Ezequiel 33:11). Al contrario, su deseo es volver a restaurar la relación perdida con la joya de su creación, el ser humano.

En la Justicia ordinaria no es eximente de la pena por cometer un delito el que haya arrepentimiento, aunque tal vez pueda aligerarla, de otro modo no habría justicia. Así tampoco Dios  puede perdonar sin más al ser humano por un mero acto de arrepentimiento. Por esta razón planificó el método en que esto se pudiera hacer sin quebrantarla.

Continúa diciendo Isaías 53:6, pero el Señor hizo que cayera sobre Él la iniquidad de todos nosotros. Esta persona a la que se refiere el profeta es Jesucristo, en quién tuvieron cumplimiento estas palabras al morir en la cruz del Calvario, de quién también dice: Ciertamente Él llevó nuestras enfermedades, y cargó con nuestros dolores; con todo, nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y afligido. Más Él fue herido por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades. El castigo, por nuestra paz, cayó sobre Él, y por sus heridas hemos sido sanados. (Isaías 53:4-5).

Mi respuesta

Este suceso es el más increíble que haya ocurrido en la historia de la humanidad. El apóstol Pablo describe lo sucedido en aquella cruz como que Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo mismo, no tomando en cuenta a los hombres sus transgresiones (2 Corintios 5:19).

Dios ha hecho su trabajo, pero espera nuestra respuesta, en nombre de Cristo os rogamos, continúa diciendo el apóstol,  ¡Reconciliaos con Dios! (2 Corintios 5:20).

Miguel Ángel Simarro Ruiz

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