“…La dádiva, el don, de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:23).

Cuando recibimos un regalo, a menudo pensamos ¿De quién es? ¿Para qué vale? y finalmente, aunque quizá un poco avergonzados, ¿Cuánto habrá costado?

El Señor Jesucristo es el más grande y admirable regalo jamás dado, y vamos a usar esas tres preguntas y un versículo de la Biblia, para mostrar el por qué el Señor Jesús es el mayor y mejor regalo que cualquier persona pueda recibir.

¿De quién es el regalo? Probablemente podíamos esperar regalos de nuestra familia o amigos, pero nos asombraría si recibiésemos uno, digamos, del Rey o del Presidente del gobierno. ¿Por qué estos importantes personajes iban a fijarse en nosotros? La brecha o espacio entre nosotros y Dios es mucho más amplio que de cualquier persona humana, y además el don o regalo de Dios es admirable y portentoso.

Dios el Todopoderoso creador del cielo y de la tierra; que conoce todo lo que tiene que conocer de nosotros, (lo bueno, ¡si es que hay algo bueno en nosotros!, lo malo, que posiblemente si haya más que suficiente, y lo no tan malo). Dios cuya santidad es tan luminosa y resplandeciente, que incluso los ángeles cubren sus rostros en lugar de mirar al único y viviente Dios verdadero, temible en poder y majestuoso en gloria, nos ha dado este maravilloso regalo, el mejor regalo para Navidad, o para cualquier otra ocasión.

¿Qué podemos hacer con este regalo? La segunda cuestión es, ¿Para qué vale? Hasta hace unos quince años yo ni tenía ordenador, ni idea de cómo funcionaba. Pero animado por familiares y amigos, me “regalé” un ordenador y me enrolé en la Universidad Popular de Valdepeñas para un curso de Informática Básica. Aún recuerdo la alegría que experimenté, cuando me di cuenta para lo que valía y lo útil que sería en mi vida diaria…

Pero vayamos al establo donde Jesús nació y por un momento contemplemos el gran regalo de Dios. ¿Para quién y para qué es este recién nacido? Cuando el ángel mandó a José tomar a la virgen María por esposa, se le anunció que el niño en su vientre era el Hijo de Dios. El ángel añadió “… y llamarás su nombre JESÚS, esto es Salvador, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados” (Evangelio de Mateo 1:21). Jesús es un gran maestro religioso y un gran ejemplo de cómo vivir. Pero eso no es todo. La gran verdad acerca de Jesús es lo que el ángel dijo a José: “Él salvará a su pueblo de sus pecados”.

El Nuevo Testamento muy a menudo, se refiere a Jesús “como nuestro Señor y Salvador Jesucristo”, pero nunca como “nuestro Señor y ejemplo” o “nuestro Señor y maestro”, aunque en realidad era ambos. En su lugar, la propia explicación de Dios que seriamente debemos de aceptar es: “que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores” (1a Timoteo 1:16).

Pecado. Pecado es una palabra impopular, y muchas personas tienen solo una idea dudosa de lo que ello significa. Pecado no es solo las cosas equivocadas que todos hacemos. El significado principal de la palabra pecado son las cosas que hacemos mal contra Dios, quien nos creó y como Soberano de nuestras vidas y nos ha dado en su Palabra, la Biblia todas las ordenanzas que los humanos deberíamos de obedecer. .

Una historia en el Antiguo Testamento hace esto claro. Después de que el rey David cometió adulterio con Betsabé, arregló la muerte de Urías su marido. Pero a David, finalmente le fue mostrada por medio del profeta Natán, la enormidad de lo que había hecho y rogó a Dios por perdón. Su oración está descrita en el Salmo 51. Increíblemente, recapacitando en su maldad, arrepentido David clamó a Dios: “Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos” (ver.4). No contra Betsabé ni incluso contra Urías. El pecado es ante todo contra de Dios. ¿Qué es el pecado? Pues principalmente es tomar el regalo que Dios nos ha dado y con nuestra desobediencia y mal hacer pervertirlo. Cuando nuestro comportamiento no alcanza la talla de las normas que Dios nos ha dado en su Santa Palabra eso es pecado. Sin embargo, las palabras del apóstol Pablo en su epístola a los Romanos 2:23 confirman “… por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”. Pero Dios es glorioso, y si nuestras vidas fuesen vividas como debieran, reflejarían su gloria perfectamente. Pero a veces no llegamos a alcanzar su gloria porque pecamos.

Dios cuida. ¿Todo esto importa? ¿A quién le importa? La respuesta es, a Dios le importa. Cada pecado es una rebelión contra su autoridad. Y es esta rebelión la que ha llevado al mundo a la lamentable y desdichada situación en la que se encuentra. El pecado es la causa de todo el sufrimiento en el universo de Dios, y nos hace culpable delante de Él. Rompemos sus leyes y merecemos su castigo. El pecado destruye a aquellos que pecan, como leemos en Romanos 6:23 “Porque la paga del pecado es muerte…”, muerte eterna. Y es por lo que para solucionar esta rebelión y culpabilidad del hombre, Dios envió a su hijo a este mundo, “para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). Por eso aunque “la paga del pecado es muerte, la dádiva de Dios, el don de Dios, es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”.

Dios nos dio a su Hijo en Navidad para luego morir tres años más tarde. Cuando Jesús murió en la cruz del Calvario murió llevando nuestros pecados, pagando el castigo que nosotros merecíamos y clamando: “Consumado es” (Juan 19:30).

¿Cuánto habrá costado? Cuando consideramos el don de Dios, esto es una pregunta esencial. La Biblia responde con estas palabras: “En esto consiste el amor; no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino que Él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados” (1a Juan 4:10). La enseñanza de la Palabra de Dios acerca de Jesús es abrumadora. La Biblia nos dice que Jesús es Dios, y aun así, “…estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Filipenses 2:8). Nunca ha habido en el universo un regalo tan costoso como este; ni tampoco un regalo igual a este. Sin embargo esto es una verídica indicación de cuanto nos ama Dios. Solo pensar sobre ello es grandioso.

La necesidad. Algún día todos tendremos que presentarnos delante de Dios. ¿Podremos presentarnos allí, sin este gran don de Dios? Aunque Dios es misericordioso y nos ama más de lo que podamos imaginarnos, Él también es santo. Y su santidad demanda que el pecado debe de ser castigado; “Porque la paga del pecado es muerte…”, pero aun así su amor clama por misericordia hacía nosotros, y el versículo concluye “mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”. El gran problema es nuestro pecado, pero el Señor Jesucristo es la gran y única solución a ese problema, ya que llevando nuestro castigo y muriendo por los pecadores, la santidad de Dios es satisfecha, y su amor libera su misericordia para nosotros.

¿Qué tenemos que hacer para merecer esta misericordia, este regalo de Dios? NADA. Al igual que con todos los regalos, el precio ya ha sido pagado por el que los regala. Pero tenemos que aceptarlo, y la Biblia llama esa aceptación: creer y confiar. Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo Unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. (Evangelio según San Juan 3:16).

Marcos Román Chaparro

Leave a Reply