Uno de los problemas más graves que tiene nuestro país en estos momentos es la corrupción política. Posiblemente, nunca en la historia de España ha habido una muestra tan variada de personas que han ocupado el poder para engrosar sus bolsillos con el esfuerzo y el sacrificio de los pobres. Pero lo peor de todo, es que estas mismas personas a la vez que engrosan clandestinamente sus cuentas corrientes, defienden la justicia levantando la bandera de la honradez y del buen juicio ante la mirada de una España cada vez más pobre y más necesitada.

Recuerdo leer en la prensa que el empresario Ruiz Mateos creó más negocios dentro que fuera de la cárcel y no me extraña, “el poder” hoy en día parece ser un ente que sobrevive por encima incluso de las penas de la justicia. Es como si el poder tuviera la llave del éxito y aquellos que la encuentran pasan por puertas distintas a los demás mortales.

         Lo cierto es que la atracción del poder no entiende de justicia o injusticia, su forma de alimentarse va más allá de lo meramente moral o espiritual, esta atracción por el poder se alimenta del deseo egocéntrico de ser y poseer lo máximo a costa de lo que haga falta. Es interesante observar que el deseo del poder se retroalimenta a sí mismo de una manera casi automática y además sin darte cuenta.      La persona que ha gustado esta droga no la prueba una vez, sino que repite hasta ser absorbida por completo.

         Por tanto ¿podríamos decir que el poder es malo porque corrompe al hombre? Por supuesto que no. Dios delegó su autoridad en el hombre para que gobernara esta tierra con equidad y justicia (Génesis 1: 28).  Es competencia del mismo hombre aplicar este poder entre iguales, de la misma manera que Dios usa esta autoridad con su creación.  En definitiva, el poder es un don de Dios para que vivamos en paz y en armonía. Es algo que está intrínseco en el hombre desde que nace y su finalidad se ajusta a la voluntad de un Dios tremendamente justo y recto.

         El problema por tanto no está en el poder como tal, sino en la persona que maneja este poder. De esta manera, podemos imaginarnos a un mal padre, ejerciendo una autoridad legítima sobre su hijo de 6 años de una manera incorrecta y a un buen padre ejerciendo la misma autoridad legítima de una manera correcta.

         La Biblia tiene que decir mucho al respeto, el libro de los Proverbios está lleno de citas que hablan de las injusticias que el hombre hace, usando el poder que Dios nos ha dado para que vivamos en paz. La verdad es que la historia de la humanidad está llena de injusticias, debido a la incorrecta implantación del poder en los sistemas sociales, económicos, religiosos, políticos, etc… dando paso al absolutismo y por ende a la opresión del pobre y del débil.

         En el evangelio de Mateo 6: 13, Jesús orando al Padre terminó con las siguientes palabras: …Porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.  Es interesante ver, que el mismo Hijo de Dios declaró públicamente que “el poder” no es algo que venga del corazón o del esfuerzo del hombre, sino de la misma esencia de lo que es Dios. Dios no sólo tiene el poder y la autoridad en su mano de todo lo que existe, sino que Él es el poder, ÉL es la autoridad, porque entre otras cosas sino fuera así, simplemente dejaría de ser Dios.

         Debido a este hecho, podemos caer en un grave error si malogramos este don momentáneo que Dios nos ha dado, usándolo de manera inadecuada. La historia está llena de ejemplos de personas o de imperios que han usado este poder a favor del mal y Dios mismo los ha borrado de la memoria.

         Por tanto; no estaría mal que nos preguntáramos de vez en cuando ¿cómo estoy utilizando este poder que Dios me ha dado? No todos somos presidentes de gobierno o senadores, pero todos ejercemos de alguna manera cada uno en su ámbito esta autoridad y de igual manera también somos tentados a utilizar nuestra autoridad de manera que no se ajuste a la voluntad de Dios.

         El mayor ejemplo de cómo utilizar este poder, lo vemos en Jesucristo. Él utilizó este poder para sanar y restaurar al hombre de sus pecados. También fue tentado por Satanás para ejercer este poder de manera egoísta, pero Jesús no pecó en esto, sino que hizo la voluntad del Padre.  Antes de volver al cielo, les dijo a sus discípulos …Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra (Mateo 28: 18).  Nunca en toda la historia de la humanidad ha habido, ni habrá, una persona con tanta autoridad y tanto poder como Jesús. De tal manera, que todas las personas que vienen a él de manera personal, puede traer sus pecados y sus lastras espirituales para ser sanados por aquél que es poderoso para morir, resucitar y salvar al que está perdido.

         El cristiano descansa en ese poder de Dios, que transforma corazones rotos por el pecado en vidas sanas, alineadas con su voluntad. Porque el poder no radica en la fuerza o en la pericia del hombre, sino en la misericordia de un Dios que hace participe al hombre de sus propósitos. Es gracias a ese poder de Dios que hoy podemos disfrutar de la vida y sentirnos útiles en este mundo creado por él.

         Cualquier poder ejecutado en este mundo será imperfecto, pero los que confían en el Señor descansarán no sólo en el poder de Dios, sino en el Dios de todo poder.

José Valero Donado

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