No, no es un cuento

By 31/01/2017Reflexiones

—Cariño, no llores. Duerme mi pequeño, duerme.
—¡Rápido, no hagas ruido! ¡Cuidado con el niño, querida! —dice el esposo a la amante mamá entretenida meciendo a su hijo en los brazos

Todo estaba oscuro y en silencio. El pueblo dormía. No era lo más normal que una pareja y su pequeñito salieran en medio de la noche. Pero ellos lo iban a hacer, sí, ellos tres; y no solo iban a abandonar la ciudad, sino que lo iban a hacer a toda prisa. La noche les protegía de miradas indiscretas y de ser descubiertos

El destino, un país lejano y extraño. La razón, la vida del niño corría peligro, peligro de muerte. No queda más remedio que abandonarlo todo y salvar la vida de aquella vida que comenzaba a vivir. El responsable del cuidado de la nación y de cada uno de sus habitantes había decidido quitar de en medio a este recién llegado al mundo y ahora sus padres tienen que huir. Sin ningún sentido este pequeño se convirtió de la noche al día, en el sentido literal de la expresión, en un refugiado, porque alguien, sin derecho alguno, se creía dueño de su vida.

Nueve de Enero de 2017. Muchas personas, entre ellas niños, están en la nieve. Blanca e inmaculada nieve, pero fría, muy fría. No son esquiadores en alguna de las pistas de esquí de algún lugar en la alta montaña. Son refugiados para los cuales no hay lugar en el albergue, porque está totalmente ocupado por otros de su misma condición. Y allí, cubriéndose con todo lo que encuentran, en la nieve, temblando de frío, de hambre, de cansancio y de desamor, están comiendo un potaje que alguien les ha preparado. Quizás sea la última comida de su vida porque el frío acabe matándoles, o una bala, o el agotamiento… ¡Quién sabe!

Para estos refugiados no hay sitio en el refugio. ¡Qué incoherencia! Tuvieron que salir de sus casas, de sus ciudades y de sus países porque los señores del mundo decidieron jugar a la guerra, y ellos, sin comerlo ni beberlo, se han visto escapando para salvar lo único que les queda, la vida. Y ahora llegan a un refugio donde no hay sitio para ellos, como tampoco hay sitio para ellos en nuestros países, ni en nuestras casas, ni en nuestros corazones… ¡Qué desconsolación tienen que sentir!

Refugiados para los cuales no hay sitio. Como tampoco hubo sitio para aquel pequeño que tuvo que huir. No hubo sitio para Él (María dio a luz a su primogénito; lo envolvió en pañales y lo puso en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón, Lucas 2:7) y, el modo en que llegó a este mundo era lo último que una madre desearía para su recién nacido. Y aún siendo solo un bebé, tuvo que salir de noche y a toda prisa de su ciudad y de su país (Levántate, toma al niño y a su madre, huye con ellos a Egipto… porque Herodes va a buscar al niño para matarlo, Mateo 2:13). Él también fue un refugiado. ¡Qué difícil comienzo!

Es singular, que aunque desde el principio se había anunciado su llegada, nadie se lo creyó, y nadie lo esperaba. Nadie, excepto unos pocos. Y cuando llegó no lo recibieron como se merecía (… el mundo no le conoció. A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron, Juan 1:10,11), y le hicieron huir, y lo acusaron y se burlaron de Él durante toda su vida siendo ya adulto y al final, pese a que nunca hizo pecado ni hubo engaño en su boca, decidieron aplicarle la pena capital (… Jesús, a quien vosotros crucificasteis…, Hechos 2:36).

Y curiosamente, a pesar de todo esto, el mundo celebra su nacimiento, aunque no hubo lugar para Él en el mesón. Y curiosamente, el mundo hace concursos del pesebre más pintoresco, indigno lugar para el nacimiento de un Rey. Y curiosamente, el mundo festeja el nacimiento de aquel niño, pero a Él no le invitan a la fiesta. Porque no hubo sitio para Él en el mesón, ni hay sitio para Él en nuestros países, ni en nuestras casas, ni en nuestros corazones.

Mas cuando se iba, ya acabada su misión, dijo a aquellos pocos que sí creyeron en Él que regresaría (…volveré y os llevaré conmigo, para que podáis estar donde esté yo, Juan 14.3). Y de la misma manera que nadie creyó que iba a venir una primera vez, y nadie o casi nadie lo esperaba, de la misma manera nadie o casi nadie cree que volverá una segunda vez. Pero lo hará. Y aquellos que sí lo esperan, esperan con gran ansia ese día. Será un día glorioso. Ya no vendrá como un indefenso bebé para el cual no había sitio. Lo hará como todo un Rey. Lo hará como lo que es, el Rey de reyes y el Señor de señores.

Aquel que tuvo que huir de la mano de Herodes para no ser muerto siendo tan solo un bebé, aquel cuyo nombre es el más alto de cuanto pueda existir, un día impartirá verdadera justicia. Yeshua, nombre bello por lo que encierra. Su nombre, su misión, salvar.

Aquel niño, Dios hecho Hombre, el Creador maltratado por su criatura… ¡Imponente incoherencia! El Salvador condenado a muerte… Aunque ellos no sabían que realmente no le estaban quitando la vida. Nadie puede hacer eso con Jesús. Él la estaba ofreciendo voluntariamente (Nadie me quita la vida por la fuerza; soy yo quien libremente la doy, Juan 10:18). ¡Qué maravilla! Para que todo aquel que sí le haga un sitio en su corazón pueda participar de su Reino, el cual es eterno.

Y aunque murió… ¡resucitó triunfante!

Y volverá. Aunque nadie lo crea, aunque nadie lo espere, Él volverá.

Diez de Enero de 2017. El árbol y el Belén nuevamente guardados. De nuevo la rutina. De nuevo el olvido… hasta la siguiente navidad. Pero… ¿y si Él vuelve antes del próximo diciembre? ¿Estás preparado para encontrarte con Él? No reduzcas a Dios a unos pocos días al año. Él es Señor y Salvador, y por gracia, cual regalo inmerecido, desea otorgarte vida eterna (Y todo el que invoque al Señor, obtendrá la salvación, Hechos 2:21). Arrepiéntete de tus pecados, confía en Él y recibirás su perdón.

Elisabeth Ramos

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