En el Nuevo Testamento, y especialmente en el Evangelio de Juan, se nos dice que Dios quiere darnos vida eterna, y que esa vida se encuentra en su Hijo Jesucristo. Esta vida la recibimos al creer en Jesús. “Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna” (Juan 3:16). “El que cree en el Hijo, tiene vida eterna; pero el que no quiere creer en el Hijo, no tendrá esa vida, sino que recibirá el terrible castigo de Dios” (Juan 3:36). Según los relatos bíblicos, para ser salvos y no ser condenados es necesario creer en Jesús. Pero, ¿qué significa creer en Jesús? Hay mucha gente en este mundo que, aunque no creen en Dios, no tienen ningún problema en admitir que hace dos mil años hubo un hombre llamado Jesús, nacido en Belén de Judea, que viajaba por toda la nación predicando y enseñando. Un hombre que adquirió fama de ser una buena persona. Muchos creen en los relatos históricos. Creen en Jesús de la misma manera que creen en Aristóteles (384 a. C.- 322 a. C.), Alejandro Magno (356 a. C.- 323 a. C.) o Julio César (100 a. C.- 44 a. C.). ¿Por qué negar la historia? Pero, ¿es esto lo que enseña la Biblia, que para recibir la vida eterna es suficiente con creer en un mero hecho histórico acerca de un hombre llamado Jesús? Aunque son muchos los que hoy creen en Jesús, eso no significa que sean salvos. Por tanto, ¿qué significa realmente creer en Jesús? Quisiera responder a esta pregunta con tres palabras que nos ayudarán a entender lo que significa creer en Jesús.
La primera es ACEPTAR. Creer en Jesús significa que hemos de aceptar lo que la Biblia enseña acerca de Él. Por un lado, aceptar la divinidad de Cristo. Este fue el propósito por el cual el apóstol Juan escribió su libro: “… éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre” (Juan 20:31). La conjunción “para que” apunta a dicho propósito: ¡Que las personas crean! ¿Y qué tienen que creer? Pues, en primer lugar, que Jesús no era meramente un hombre, una buena persona como cualquier otra. Sino que era realmente aquel del cual habían hablado los profetas de Dios en el pasado. Jesús es el Cristo, el Mesías prometido en la antigüedad. Y en segundo lugar, debían creer que además de ser el Cristo, Jesús era el Hijo de Dios. O dicho de otra manera, Dios el Hijo. Creer que Jesús es el Hijo de Dios significa admitir que “en él habita toda la plenitud de la Deidad” (Colosenses 2:9). Jesús es Dios hecho hombre. “El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y vimos su gloria” (Juan 1:14). A lo largo de todo este evangelio se enfatiza la necesidad de creer en Jesucristo como Dios el Hijo. Por otro lado, también hemos de aceptar la realidad del pecado. La Biblia enseña claramente que todos somos pecadores. “Todos hemos pecado y estamos separados de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). Y no sólo eso, sino además se nos dice que “la paga del pecado es la muerte” (Romanos 6:23). La consecuencia de nuestros pecados es la muerte tanto física como espiritual. Creer en Jesús también nos lleva a aceptar la necesidad de la cruz. Es decir, la necesidad de la muerte y la resurrección de Jesús. Creer en Jesús significa creer que él murió en la cruz por mí, es decir, en mi lugar, pero también que resucitó de entre los muertos: CRISTO VIVE. Solo así podremos recibir la vida eterna: “Si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvo” (Romanos 10:9).
La segunda palabra es ACTUAR. Creer en Jesús significa que al aceptar lo que la Biblia enseña, eso me lleva a actuar en consecuencia. Esto quiere decir entre otras cosas que dejo de confiar en mí mismo para confiar completamente en Jesús y su obra en la cruz. El creer en Jesús me lleva a tomar la firme decisión de renunciar a mis logros, mis méritos, mis obras, a todo lo que yo hago para alcanzar la salvación, y confiar únicamente en Dios. Nada de lo que tú o yo podamos hacer, por muy buenas obras que sean, nos va a servir para obtener la salvación. “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios. No por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8-9).
Y la tercera es ACATAR. Creer en Jesús significa que decido acatar, guardar sus mandatos. El creer me lleva a obedecer. Jesús dijo: “El que me ama, mi palabra guardará” (Juan 14:23). El apóstol Juan escribió: “El que afirma: «Lo conozco», pero no obedece sus mandamientos, es un mentiroso y no tiene la verdad” (1ª Juan 2:4). Para muchos, el creer nada tiene que ver con el obedecer. Para estos el creer es simplemente aceptar que Jesús existió y murió, y que esto hace que automáticamente estemos en buena relación con Dios. Si este fuera el único requisito, los demonios estarían en una buena relación con Dios, como señaló el apóstol Santiago: “Tú crees que hay un solo Dios, y en esto haces bien; pero los demonios también lo creen, y tiemblan de miedo” (Santiago 2:19). La palabra creer significa algo más que simplemente reconocer la existencia de un hecho o aceptarlo mentalmente. El elemento principal de creer es la obediencia.
Querido amig@, la Biblia enseña que la única manera de recibir la salvación y la vida eterna que Dios nos ofrece es creyendo en Jesús, el Hijo de Dios. Creer no es una recomendación, sino la única opción para que un pecador pueda recibir el regalo de Dios, que es vida eterna en Cristo Jesús (Romanos 6:23). El creer es fundamental. Dios no quiere condenarte, sino salvarte. Pero si te niegas a creer en él, entonces tú mismo te estarás condenando. “El que cree en el Hijo de Dios, no está condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado por no creer en el Hijo único de Dios” (Juan 3:18). ¿Qué decisión vas a tomar ahora que sabes lo que significa creer en Jesús?
Benjamín Santana Hernández
