La Semana Santa comienza con una escena llena de alegría. Jesús entrando a Jerusalén y la multitud lo recibe como a un rey. Extienden mantos, sujetan en sus manos ramas de palma y el pueblo grita: “¡Hosanna!” (te pedimos que nos salves). Hay esperanza en el ambiente, emoción y expectativa. Parece que por fin todos han entendido quien era Jesús…. Pero en realidad, pocos comprendían quien realmente era.
Aquella multitud esperaba un libertador, alguien que cambiara su situación de forma inmediata, un líder político que trajera la victoria sobre sus enemigos de forma rápida.
Sin embargo, en cuestión de días todo cambia. El mismo pueblo que lo recibió con alegría comienza a alejarse. Las voces que gritaban “¡Hosanna!” se transforman en gritos de “¡Crucifícalo!”. Lo que parecía una fe firme y una certeza de comprender quien era Jesús se desvanece cuando Jesús no cumple sus expectativas. No se levanta contra Roma, no toma el poder, no actúa como ellos esperaban.
Entonces… ¿Qué paso en el corazón de esas personas?
La respuesta es más cercana de lo que podemos imaginar. Aquella gente no es tan diferente de nosotros. A veces, seguimos a Dios mientras tiene sentido, mientras responde como esperamos, mientras encaja en nuestros planes. Pero cuando no entendemos, cuando las cosas no salen como queremos, nuestra fe puede tambalearse.
La entrada triunfal y la cruz están más conectadas de lo que parece. La cruz no fue un giro inesperado ni un fracaso. Jesús nunca dejo de tener el control, al contrario, estaba cumpliendo un propósito aun mayor. Él no vino a ser aplaudido sino a entregar su vida. No vino a conquistar un trono terrenal, sino a transformar corazones. La cruz no es el final de una esperanza equivocada, sino el comienzo de una esperanza verdadera.
Y aquí esta lo más impactante: incluso cuando fue rechazado, Jesús no dejó de amar. Mientras la multitud cambiaba su corazón, su propósito seguía firme. Mientras las personas fallaban, su amor permanecía inmutable.
Esta historia nos lleva a preguntarnos: ¿Somos de los que solo celebran cuando todo va bien? ¿O hemos entendido realmente quien es Jesús?
Porque seguir a Jesús no es solo levantar la voz de alegría cuando todo va bien, sino confiar el Él cuando no entendemos el camino.
La buena noticia es que la historia no termina en la cruz. Lo que parecía una derrota se convirtió en victoria en la resurrección. Hoy Jesús busca no admiradores momentáneos, sino corazones rendidos. No busca entusiasmo pasajero, sino una fe sincera.
La verdadera pregunta no es que hizo la multitud entonces, sino que haremos hoy con Él.
Miriam Ruiz García
