Hace algunos años me invitaron a una casa de campo. El paraje donde se encontraba era espectacular, lleno de árboles, sembrados, montañas… Era el sitio ideal para cualquier persona que ame la naturaleza. Una noche antes había llovido y se podían ver todavía charcos en el suelo. Esto dificultó mucho el acceso a este lugar, debido a la mala conservación en que se encontraba el camino. Si a esto le sumamos mi mal sentido de la orientación, os podéis imaginar ¡lo mal que lo pasé hasta llegar a mi destino!
El salmo 119 versículo 9 nos habla también de un camino. Este representa la vida y las decisiones que tomamos en ella. El texto menciona concretamente a los jóvenes, porque la juventud es una etapa en la que se toman muchas decisiones importantes: qué hacer con la vida, con quién relacionarse, qué valores seguir… Es importante observar que el salmista da por hecho que no todos los caminos son buenos. Es decir, algunas decisiones pueden estar equivocadas provocando serios problemas que acaban en un impacto negativo en nuestro futuro. Lo que elegimos hoy puede tener efectos duraderos más adelante. No hay duda de que la juventud es una etapa repleta de oportunidades, pero también de riesgos.
Por tanto, el planteamiento que nos presenta el salmista es el siguiente: ¿Cómo puede un joven asegurarse de ir por el camino correcto? La respuesta es: guardando la Palabra de Dios. Esa es la guía que ayuda a tomar buenas decisiones y a evitar errores que pueden marcar nuestra vida.
Alguien dijo una vez que no podemos arreglar nuestro pasado, pero siempre podremos construir nuestro futuro. Esta frase la podemos aplicar no solo a la juventud, sino a todas las etapas de nuestra vida. Si hemos tomado un camino sucio y polvoriento, siempre podremos cambiar a un camino limpio para no seguir manchándonos. La solución pasa por guardar y tener en cuenta la Palabra de Dios en nuestra vida. A veces, las decisiones que tomamos van en contra de la enseñanza bíblica y queremos que todo nos vaya bien. Incluso, acusamos a Dios de nuestras desgracias como si él fuera el responsable de que el camino esté sucio. ¡Qué olvidadizos somos! ¿Acaso no son nuestras malas decisiones las que nos llevan a tomar estos caminos lejos de su voluntad?
Tomar decisiones en la vida implica marcar inexorablemente nuestro futuro. Puede que sea en el ámbito familiar, laboral, social, religioso… Si estas decisiones no son tomadas a la luz de los mandamientos bíblicos, el camino escogido estará manchado por el barro y la imprudencia de una vida sin Dios. Solo cuando tenemos en cuenta su Palabra podemos estar seguros de que nuestro camino es limpio y alineado con su voluntad.
Quizás, en estos momentos has tomado una decisión importante sin tener en cuenta a Dios o ya estás andado por un camino que no ha valorado la enseñanza que el Señor nos ofrece en su Palabra. Recuerda, no tienes por qué andar por el barro, puedes limpiar tu camino si vuelves a Dios y guardas sus mandamientos. Jesús dijo: “Yo soy el camino…” (Juan 14: 6). Andar por este camino garantiza no solo la limpieza de nuestro corazón y de nuestros pasos, sino que nuestras decisiones y destino están dentro de su voluntad.
Guardar la Palabra de Dios implica vivir conforme a sus preceptos. Puede que el camino sea difícil de transitar debido a nuestra incapacidad para tomar buenas decisiones. Sin embargo, si hemos tomado la determinación de andar por el buen camino, podemos estar seguros de que estamos en la dirección correcta que el Señor quiere para nuestra vida.
Por cierto, ¿por qué camino estás andando?
José Valero Donado
