He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado.” (Daniel 3:17-18)

Hemos perdido el rumbo en cuanto lo que significa creer en Dios, sobre todo desde que nuestro país goza de libertad para levantar la voz y decir que eres cristiano y crees en Dios, nuestro nivel de implicación y compromiso en lo que esto significa ha bajado radicalmente.

Asumimos que creer en Dios es afirmar su existencia y su presencia en el cielo pero olvidamos e ignoramos las implicaciones que conlleva que Él sea el SEÑOR de nuestra vida aquí en la tierra. Creemos que nuestro futuro nos pertenece y que somos dueños de nuestra vida, que nosotros sabemos que es lo que más nos conviene y nos negamos a poner cada aspecto de nuestra vida en sus manos.

El texto anteriormente citado se encuentra en Daniel, un libro del Antiguo Testamento impresionante que nos cuenta la historia de Daniel y sus tres amigos. Cuatro jóvenes que destacaron por su ejemplo y fidelidad al pasar por la prueba.

Como podemos leer en estos versículos, los tres amigos de Daniel: Sadrac, Mesac y Abed-nego se encontraban ante la decisión de arrodillarse y adorar a una estatua del rey gobernador u obedecer al Dios en el cual creían.

No dudaron en defender su fe delante del rey y ante los presentes (aún sabiendo cuales serían las consecuencias de no obedecer: ser echados en el horno de fuego) si no que, en estos versículos, vemos como reconocen a Dios como su Señor y el único Dios que merece adoración, descansando en los planes y voluntad que Él tuviese preparado.

Ellos no sabían cómo se resolvería el final de la historia, sí sabían que Dios podía librarles del horno de fuego y de la mano del rey, pero también sabían que podía no ser así y que Dios en su plan no los librase y muriesen allí… pero descansaban, aceptaban y obedecían el plan de Dios como Señor de sus vidas.

¡Qué fácil es leer esta historia cuando sabes el final! Pero qué difícil cuando tienes que experimentarlo en tu propia vida y tienes que descansar en que Dios, el Señor de tu vida, sabe que es lo mejor para ti aun cuando no sea el final que tu tenías pensado o planeado.

Una enfermedad que azota tu vida, la muerte de un ser querido de forma inesperada, una oración que no parece que nunca es contestada…

En estos momentos recuerda a los amigos de Daniel y adora a Dios a pesar de las circunstancias.

Hace poco un compositor cristiano, Marcos Vidal, ha publicado el disco “Lo que vemos” en el que está incluida la canción “Bajo el agua”, canción que menciona estos temas. Un fragmento de la canción dice así:

“No siempre estoy viendo la realidad, que siempre hay un camino en la oscuridad. Jesús sigue estando en el trono, la luz sobre natural. Y nunca estoy solo en la fragua y estoy respirando debajo del agua”

Jesús sigue estando en el trono, sigue siendo El Señor.

Querido/a lector/a; sino lo has hecho ya, este es el momento de reconocerlo como tu Señor y Salvador. Puedes confiar en que sus promesas siguen en pie y lo seguirán estando siempre, Él quiere lo mejor para ti aunque el camino no sea como tú lo habías pensando.

Que podamos decir como estos jóvenes valientes: Dios puede librarme… pero “y si no, …” solo a Dios serviremos y adoraremos.

Miriam Ruiz

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