La necesidad de cambiar

¡Cuántas veces hemos soñado con tener una varita mágica que pudiera cambiar todo lo que no nos gusta de nuestro alrededor o incluso a nosotros mismos!
Cambiar nuestro aspecto externo, aprender un segundo idioma, tener un excelente currículum, una casa mejor, éxito profesional, una docena de buenos amigos… son algunas de las cosas que anhelamos. Sueños legítimos que, casi siempre, se quedan en eso, en sueños, y que nos hacen preguntarnos si realmente se pueden cambiar las cosas.
Otras veces lo que deseamos cambiar es nuestro interior. Dejar a un lado esa peculiar forma de ser que no nos convence y nos crea más de un problema, esa facilidad para juzgar a los demás y originar discordias, esa falta de amabilidad o ese enfado continuo que no alcanzamos a controlar.
En ocasiones lo que deseamos cambiar es lo que nos rodea, nuestro pequeño mundo. Y esto es aún más difícil, porque se aumenta el número de jugadores y el partido se complica.
Sea en uno u otro ámbito, la transformación no es fácil. Encontramos obstáculos familiares, laborales, de principios o creencias, o lo más común, personales, simplemente de nuestra voluntad. Solemos disfrazarlo con dudas sobre quién es el que realmente necesita cambiar.

¿Quién debe cambiar?

 “Todos piensan en cambiar el mundo, pero nadie piensa en cambiarse a sí mismo” Alexei Tolstoi
Saulo de Tarso era un conocido perseguidor de los cristianos del primer siglo. Su fervor religioso y su deseo de agradar a Dios le llevaron a esforzarse por hacer desaparecer a los seguidores de Jesús. Estaba convencido de lo que hacía y su determinación era irreprochable, nada podía pararle.
Un día, mientras se dirigía a Damasco, su vida cambió radicalmente. Dios mismo le mostró que estaba en un error, que sus actos eran totalmente opuestos a sus propios deseos, que deseando hacer un bien, estaba haciendo un mal. Saulo no dudó, cayó de rodillas ante Dios y le preguntó qué debía hacer. Reconoció su error y se entregó por completo a Dios. Su vida cambió substancialmente, pasando de ser perseguidor de la iglesia a ser perseguido, a ser apóstol de Jesucristo y predicar su mensaje transformador al mundo.

¿Quién nos puede cambiar?

¿Qué le hizo cambiar? ¿Qué puede transformar una vida de una manera tan radical?
“Así ha dicho Jehová, el Señor: … Y les daré otro corazón y pondré en ellos un nuevo espíritu; quitaré el corazón de piedra de en medio de su carne y les daré un corazón de carne,  para que anden en mis ordenanzas y guarden mis decretos y los cumplan, y sean mi pueblo y yo sea su Dios.” Ezequiel 11:19
El encuentro con Jesús es lo que cambió la vida de Saulo de Tarso y lo que ha cambiado, y sigue cambiando, la vida de millones de personas a lo largo de la historia. Este mensaje nos muestra realmente quién debe cambiar, nos lleva a ver nuestra realidad y nuestra situación ante Dios.
El mensaje de salvación ofrecido por Jesús tiene un poder transformador sin límites. No nos regala esos sueños que he mencionado al principio, pero nos regala un corazón nuevo, capaz de examinar, comprender, perdonar y amar. Cualidades, sin duda, necesarias para comenzar una transformación total en nuestra vida.
“Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo!” 2ª Corintios 5:17 
“En cambio, el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio.” Gálatas 5:22

Marta López Peralta

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