El Evangelio…¿Un espectáculo mas?

Recuerdo cuando era niño y pasaba horas enteras jugando en el patio de mi casa, con una simple rama caída al suelo de un árbol. Mi entusiasmo consistía en imaginar lo que yo podía hacer con esa rama, era una sensación de libertad absoluta donde la imaginación se fundía con la necesidad de conquistar nuevos retos y descubrir nuevas experiencias. ¡Ojala volvieran esos años! donde el mismo movimiento de una hormiga nos dejaba boquiabiertos o donde el vuelo de una hoja al caer nos dejaba inmóviles, como si el mundo se hubiese parado esperando el impacto de tan majestuosa obra de la creación.

Pero todo esto pasó, las nuevas tecnologías han arrasado con el asombro de los niños, donde ya no hay aviones de papel, ni ramas para jugar, sino tablets y móviles, que van adoctrinando la mente del niño para crearlos conforme a su imagen y semejanza.

El resultado es que un adolescente de 13 años ha visto ya tantas cosas en Televisión y en Internet, que su capacidad de asombro ha quedado anulada. Por eso los parques de atracciones o los espectáculos musicales, etc., cada vez son más arriesgados. Para que un programa de televisión o un medio público tenga audiencia, hay que arriesgar cada vez más, porque si no, no hay quien lo consuma. El mundo se ha convertido en una sala de espectáculos, donde quien tenga la función más espectacular es el que se convierte en el dueño del circo.

Pero ¿es el evangelio de Cristo un espectáculo más? Si entendemos la palabra “espectáculo” como una función pública con el ánimo de entretener, el evangelio de Cristo sería todo lo contrario. El apóstol Pablo, en su libro de Romanos 1: 16 dice: “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree…”

En primer lugar, el evangelio de Cristo no es algo inventado por el hombre, Pablo dice que “es poder de Dios”. Nosotros no podemos manipular, añadir, quitar o hacer nada para dar forma al evangelio porque simplemente no es nuestro, es de Dios.

En segundo lugar, el evangelio de Cristo es para la salvación del hombre. Dios mandó a su Hijo Jesucristo para morir por nuestros pecados y llevarnos al cielo eterno. El fin del evangelio no es hacer riquezas, no es crear famosos predicadores, no es llenar iglesias de “adeptos religiosos”. El fin del evangelio es que conozcas a Jesús y que te arrepientas de tus pecados para ser salvo.

En tercer lugar, el evangelio de Cristo es personal e intransferible. Cristo murió por ti, debido a que sólo tú eres el responsable de tus pecados. Por tanto, la salvación no es transferible, porque cada persona es enfrentada y retada individualmente ante La Palabra de Dios.

En el sentido más denigrante de la palabra, he visto muchos “espectáculos”, pero el más grande que he contemplado es el de rechazar el evangelio de Cristo. Las Buenas Nuevas de salvación, no son un entretenimiento público que Dios nos dejó para que pasáramos el rato. El

evangelio es extremadamente importante como para que tomemos en serio nuestra vida espiritual y nos pongamos a cuentas lo antes posible con Dios. Es triste comprobar, que los “espectáculos” de la vida nos han anulado la capacidad de asombrarnos ante la grandeza de Dios y las “luces” de esta sociedad han paralizado nuestros ojos, para no ver la realidad de la cruz de Cristo.

No. El evangelio de Cristo no es un espectáculo más, sino un tesoro que espera ser encontrado. Jesús dijo una vez: “…el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él” (Marcos 10: 15). Seamos pues como niños, asombrados por la grandeza de Dios y maravillados por el evangelio de Cristo.

José Valero Donado