Es posible que muchos hayan oído hablar sobre el Mayflower. El Mayflower era el nombre de un navío inglés, que utilizaron los primeros padres peregrinos en una épica jornada para navegar desde Inglaterra en busca del Nuevo Mundo. Se trataba de separatistas puritanos que intentaban separarse de la establecida Iglesia de Inglaterra, debido a la persecución del Rey Jaime. El propósito de estos peregrinos era establecer una nueva sociedad basada en sus ideales religiosos evangélicos.

Embarcaron en el Mayflower, pero en su pasaje hubo de todo, aunque nada salió “a pedir de boca”. El viaje fue enmarañado por un mar agitadísimo y apiñadas condiciones, donde la muerte y sobrevivir eran las duras realidades. Una vez superados estos retos fue fascinante ver como lo mismo cristianos y no cristianos, se unieron y establecieron un documento que llamaron El convenio de Mayflower. Su propósito fue formar una democracia rudimentaria con ideales evangélicos, donde todos estaban de acuerdo en contribuir para el bienestar de la comunidad. Y aquí tenemos un grupo de personas preparado a poner su confianza en Dios y seguir en fe, su llamada a lo desconocido y dispuestos a enfrentarse a cualquier reto que se presentase delante de ellos. De los 102 peregrinos, 45 perecieron en el primer invierno de la colonia establecida. Peregrinaje fue esencialmente parte de sus vidas, y como cristianos procuraron ver la vida como un viaje hacia la eternidad.

Peregrinaje es una parte esencial de la vida y el vivir. Los cristianos debemos de ver la vida en términos de un viaje, viniendo de Dios y volviendo a Dios. William Bradford que por 30 años fue gobernador de la colonia del Mayflower en Plymouth, antes de su muerte en mayo de 1.657, escribió: “Sobre todas las cosas, tener una buena conciencia, y andar en este mundo en los caminos ordenados por Dios en su Palabra, es algo que debo preferir ante todas las cosas y por encima de la vida misma”.

Este viaje nos recuerda los muchos viajes misioneros del apóstol Pablo. Pablo fue un hombre temido grandemente por la comunidad cristiana antes de su conversión, cuando fue confrontado por Jesús en el camino de Damasco, y se convirtió en un formidable defensor y seguidor del Evangelio de nuestro Señor Jesucristo.

Debido a la creciente persecución llevada a cabo en Jerusalén, los creyentes huyeron a Oriente Medio, pero allí continuaron proclamando el mensaje del evangelio, y la iglesia crecía rápidamente. Pablo en su tiempo programó tres pioneros viajes misioneros. En Antioquía e Iconio fue apedreado. En Derbe después de anunciar el evangelio a aquella ciudad, volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquía y bajo la influencia del Espíritu Santo, contribuyó para que muchos pudieran conocer a Cristo “confirmando los ánimos de los discípulos, exhortándoles a que permaneciesen en la fe, y diciéndoles: “Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios” (Hechos 14:21­23).

El motivo principal tanto de los peregrinos del Mayflower, como del apóstol San Pablo, fue anunciar que hay salvación en Jesucristo; y que “Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros…” (Romanos 58). El Señor Jesucristo sigue ofreciendo paz, salvación y vida eterna a todos los que vienen a Él, por muy pecadores que sean. Lo confirman sus palabras en el evangelio según S. Mateo 11:28 cuando dijo: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar…”. No olvidemos que de acuerdo con la Palabra de Dios todos somos pecadores; “… por cuanto todos pecaron, están destituidos de la gloria de Dios, pero sigue diciendo Pablo, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús” (Romanos 3:23-24).

Todo es cuestión de fe en Jesucristo y su obra de expiación por nuestros pecados en la Cruz del Calvario. Se trata de reconocer y confesar nuestros pecados y aceptar la salvación de amor, gozo, paz y vida eterna que gratuitamente nos ofrece el Señor a todos los que le reconocen como su Señor y Salvador. El mismo Señor nos dice en el evangelio según S. Juan 5:24 “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió (Dios Padre), tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida…”.

La invitación es clara, pero hay que aceptarla o rechazarla; y para ayudarnos a toma nuestra decisión el Señor dice a los que no le aceptan como su Señor y Salvador, como al siervo inútil de la parábola: “…echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes” (Mateo 25:30); y a los redimidos por su sangre: “… Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo” (Mateo 25:34).

Marcos Román Chaparro

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